• <span style="text-transform:uppercase">EUFORIA.</span><i> Los jugadores del Real Jaén felicitan a Mario Martos y celebran con él el gol de la victoria.</i>
    EUFORIA. Los jugadores del Real Jaén felicitan a Mario Martos y celebran con él el gol de la victoria.

Diseñar y lanzar profecías al viento es una tendencia natural que el ser humano ha ejercido con plenitud y pompa a lo largo de su camino por el mundo. Intentar prever por dónde irá el destino y qué ventajas nos ofrecerá es un mecanismo, personal y colectivo, que siempre se ha ejercido con afán. Bien es verdad que personajes tan famosos como Cicerón y muchos otros de reconocida solvencia científica y categoría intelectual, han demonizado esta pretensión con argumentos sólidos y firmes pero esta posición selectiva no ha conseguido quebrar las esperanzas del rincón de adivino que todos llevamos dentro, sobre todo cuando el horizonte se tiñe de negro y amenaza con graves tormentas y peligros.

De todo lo dicho es un ejemplo de manual el proceso en el que vive, a causa de sus borrones anteriores, el Real Jaén. Agobiado por la situación, se ofrece como mecanismo de liberación hacer pronósticos, normalmente condicionados a éxitos posibles, que generen tranquilidad y algo de optimismo. Y era en ese contexto en el que se jugaba el partido ante el Huétor Tajar. Tanto había en juego que hasta las matemáticas ofrecían romper su exactitud. No era baladí que, en tres puntos había en juego seis y de esa forma la mirada al porvenir ofrecía temores. No ha sido buena para los blancos la primera parte. Los visitantes han mantenido una especie de dominio sobre el juego mientras que el Real Jaén ha andado un poco de acá para allá, sin demasiado sentido. Se apreciaba un cierto temor que creaba inseguridad y le llevaba a perder muchos balones, a enredarse en su propia rueda y, salvo algún detalle más o menos ofensivo, sin hacer demasiado daño a su contrario. El diseño de juego y las pretensiones que propone Tébar, de solidificar la defensa para dar fuerza al equipo, le lleva a un diseño de contraataque que lógicamente aún no han podido asimilar plenamente los futbolistas.

Se tornaron las reglas del envite, desde el momento en que comenzó el segundo tiempo. Ya a los cinco minutos Mario Montes tuvo una oportunidad de oro que expresaba un nuevo marco de juego. Y, a continuación, el extraordinario gol de Mario Martos profundizó esta nueva esperanza. Y, aunque al final, el Huétor estuvo a punto de quebrar el buen sabor jiennense, el estilo fue muy diferente a lo visto al principio.

De todas maneras, entre las profecías hay una que denominan los sicólogos “autocumplida” y que es un pronóstico que, una vez hecho, influye decisivamente en el resultado. Anunciar que un banco va a quebrar es la forma más segura de que lo haga. Insistir el estudiante en que va a suspender le destroza el ánimo y ello le lleva al desastre. Pero, al contrario, empeñarse en que todo está bien es el mejor camino para conseguirlo. Anunciar un gran ambiente para un festejo es la mejor manera de crearlo. Volcarse en retorcer el futuro, asegurando que vendrá bien, es una profecía autocumplida, en la que parece estar empeñado el Real Jaén, es la mejor garantía de éxito porque de esa manera uno se hace dueño del destino y lo troquela a su manera y en su beneficio.