Se llama Noelia, tiene cinco años y, detrás de una de las vallas de seguridad de la Plaza Príncipe de Asturias, se empeñaba en enseñar a los más de setenta periodistas acreditados para la ocasión sus labios recién pintados. Labios y, también, ojos. En un día tan especial, en casa optaron por el “laissez faire” para que la pequeña pudiera presumir al lado de los Reyes de España. Los conoce porque los ve en televisión, porque su “seño” les habló de ellos en clase y porque, en los últimos días, las caras de Don Felipe y Doña Letizia están en los escaparates de los establecimientos de Bailén. Noelia es solo un ejemplo de los miles de bailenenses que se agolparon en las principales plazas de su ciudad para asistir a un momento histórico, una deuda que la Casa Real saldó con una visita tan real como la vida misma.

No faltó un detalle. Banderas de España por doquier, balcones engalanados, calles limpias como una patena, abanicos rojos y amarillos... Y gente. Mucha gente. Tampoco faltaron los vítores y los halagos. Hasta el helicóptero en el que llegaron los monarcas se llevó sus merecidos aplausos. Quienes estuvieron en Bailén pueden dar fe de esa leyenda que cuenta que si las tropas españolas vencieron a las de Napoleón, aquel 19 de julio de 1808, fue por el sol de justicia andaluz que acosó a los soldados galos con una temperatura superior a los cuarenta grados. Fue el principio del fin de la ocupación francesa en España y, aunque son ya 210 los años que transcurren desde aquel trascendental momento, Bailén sigue fiel a una conmemoración en forma de fiesta.

Bien temprano se despertaron los bailenenses para buscar un lugar preferente en la puerta del Ayuntamiento, en el paseo que llega hasta la iglesia de la Encarnación o en la Plaza Príncipe de Asturias, nombre que recibe el espacio público en el que se ubica el Museo de la Batalla en honor, precisamente, de Don Felipe. Fue un guiño más de la ciudad al monarca en el bicentenario de la Guerra de la Independencia, una festividad, por cierto, declarada de Interés Turístico de Andalucía. Hace diez años, los vecinos se quedaron compuestos y sin Príncipe y, aunque rulan las confabulaciones políticas para justificar su ausencia, su presencia, una década después, disipó cualquier atisbo de comentario.

El caso es que un ambiente envidiable se alió con este atípico verano para recibir con todos los honores a los Reyes de España. También a las autoridades que los acompañaron, desde la ministra de Industria hasta la presidenta de la Junta. Al alcalde, desde los balcones, sus vecinos le aconsejaban: “Pídele dineros”. Sin embargo, cuando los coches oficiales entraron en la Plaza de la Constitución ya no había más que ojos para ellos. Don Felipe y Doña Letizia no pudieron recibir más elogios en tan reducido espacio de tiempo. Dos horas, para ser exactos. “Guapo y guapa”, “Vivan los Reyes de España”, “Felipe, Felipe...”. Los bailenenses demostraron saber estar y, sobre todo, gargantas en excelente forma. Encantados con poder darles la mano, incluso se atrevieron a aconsejar a la Reina: “Llévate bien con tu suegra”, le dijo una mujer con no menos de setenta años. Dice el refrán que más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Bromas aparte, la visita real a Bailén, la primera que hacen Don Felipe y Doña Letizia como Reyes de España, será tan histórica como su batalla. Solo que, en esta ocasión, reinó la paz.