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sábado, 17 noviembre 2018
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El linarense Pedro Sandoica inicia el camino a la beatificación

El obispo empezará el proceso el sábado para reconocer a este vecino, que fue fusilado durante la Guerra Civil
  • religión. El médico y cofrade linarense Pedro María Sandoica y Granado.
    religión. El médico y cofrade linarense Pedro María Sandoica y Granado.

Primero fue la canonización del linarense Pedro Poveda, celebrada en el 2003 y, siete años después, llegaría la beatificación de Manuel Lozano Garrido, “Lolo”. Ahora, a estos dos ilustres linarenses, reconocidos oficialmente por la Iglesia católica, se sumará la figura de otro hijo de tierras mineras, Pedro María Sandoica y Granado, cuyo proceso de beatificación se iniciará este sábado, por parte del obispo de la Diócesis de Jaén, Ramón del Hoyo.

Una cita que se celebrará en la Catedral de Jaén, a partir de las once de la mañana, cuando se produzca la misa de acción de gracias y la apertura del proceso en el que, además de Sandoica, también serán beatificados otros 129 fieles bautizados, entre los que se encuentran sacerdotes, consagrados y laicos, que dieron su vida por la fe, entre los años 1936 y 1937, en plena Guerra Civil.

Nacido en Linares, en 1877, Pedro Sandoica procedía de una familia acomodada y de fuerte tradición católica, razón por la que recibió una notable influencia de la doctrina cristiana. Siendo muy joven, marchó a Jaén, donde cursó los estudios de Bachiller y, posteriormente, se trasladó a Sevilla para estudiar Medicina, donde obtuvo el título de doctor a la edad de 30 años. Fue durante sus estancia en la capital hispalense cuando Sandoica se acerca a la vida religiosa de la ciudad y, muy intensamente, a las hermandades del Silencio y del Gran Poder, en las que se inscribe como hermano y participó del apogeo que viven las cofradías sevillanas a principio de siglo. En 1911, regresa a Jaén, Linares y Baeza, donde ejerce como médico de cabecera y cirujano. Sus pacientes preferidos eran los de los barrios marginales y humildes de las urbes.

El futuro beato llevó a cabo una intensa labor religiosa y cofrade en el municipio de Villargordo

“Sabemos de él, gracias a las investigaciones que hicimos sobre su vida y obra, que como médico siempre se inclinó por la gente humilde y que atendía a todo aquel que lo necesitara, sin ánimo de lucro. Como familiar suya, siento mucha alegría y satisfacción por la noticia de la beatificación, ya que veo su foto y se me refleja, inmediatamente, mi abuelo”, afirma María del Carmen Expósito Sandoica, pariente del futuro nuevo beato linarense.

Rafael Higueras, postulador de la causa de beatificación de “Lolo”, es la persona que se está encargando también del proceso de Pedro Sandoica, en el que tiene mucho que ver, además de los familiares lejanos, el sacerdote de la parroquia linarense de San José, Melitón Bruque, así como la comunidad parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, de Villargordo, y el ámbito cofrade de dicho municipio. Y es que los últimos dieciséis años de su vida, considerados como los más intensos, el linarense Pedro Sandoica se trasladó a Villargordo a ejercer su profesión médica, debido a la estrecha vinculación que mantuvo con sus habitantes. De hecho, allí fue donde conoció a la que sería su esposa, Catalina Moral, con la que contraería matrimonio en el año 1925.

Un año más tarde, fue nombrado hermano mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno del municipio villargordeño, donde vuelca su experiencia cofrade adquirida durante su estancia sevillana e introduce innovaciones en cuanto a cultos, procesiones y actividades. Además, impulsó la banda de música de la centuria de soldados romanos y el apostolado de la oración.

Su intensa labor religiosa, durante la II República y su convulso contexto, previo a la Guerra Civil, le llevó a recibir continuas amenazas. A pesar de ser avisado por sus propios pacientes, en la madrugada del 18 de julio se negó a abandonar el pueblo y fue detenido y encarcelado junto con otros vecinos del pueblo. Días después fue conducido, en una camioneta, hacia la “Cuesta de la Plancha”, en Mengíbar, y bajo gritos de “¡Viva Nuestro Padre Jesús!” y “¡Viva Cristo Rey!” fue fusilado.