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miércoles, 19 septiembre 2018
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URGENTE

“Hay mucha investigación detrás de las latas”

Pedro Peinado
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Lleva cuatro décadas dedicado al mundo de la música, toda una vida dedicado a una pasión que es, también, su profesión. Inquieto y estudioso, ha hecho de las latas de aceite de oliva un instrumento pleno de posibilidades

H ijo de cantaor flamenco, Pedro Peinado (Jaén, 1965), es un músico de referencia que no deja de crear desde su refugio jiennense. Rebelde, tímido y personalísimo, le hubiera encantado tener facultades para arrancarse por soleá, pero su talento estaba destinado para el blues y el rock, donde brilla. Ha conseguido que unas latas de aceite suenen a mucho más que a “oro líquido” y, aunque podría haber vivido en cualquier ciudad, prefiere Jaén, a pesar de los pesares, y el Sur, como dice una de las canciones de su disco con Pápa Júlu, el proyecto con el que, últimamente, deslumbra.

—Cuando era un niño, le dijo a sus padres que “viviría de la música”.¿Lo ha cumplido?

—Sí. Mis padres sabían que era muy difícil vivir de la música, por eso me lo decían. Y mucho más, en aquí. Jaén no apoya a la gente de Jaén, la idiosincrasia del jiennense es que todo lo que viene de fuera, es mejor. Ahora, curiosamente, tengo contratos por el Sur, pero siempre he trabajado de Madrid para arriba.

—Usted ha recorrido el mundo gracias a la música. ¿Ha observado en otras ciudades ese mismo desapego que, como dice, muestra Jaén hacia sus artistas?

—Hay muchos sitios donde esto no pasa. Incluso dentro de nuestra provincia. Es una forma de ser de la capital. Primero hay que triunfar fuera y, si me apuras, morirse y, a título póstumo, te hacen algo. Ahora mismo, por ejemplo, hay una empresa italiana interesada en esponsorizarme con el tema del aceite, y me da vergüenza, la verdad. Jaén debería mimar a sus artistas.

—¿Ninguna empresa jiennense se ha interesado por su propuesta en torno al aceite de oliva?

—Hay probabilidad, pero no me quiero casar con nadie. Pienso que estas cosas deberían apoyarlas institucionalmente. Lo que tengo entre manos, un grupo de rock y blues de Jaén que toca con latas de aceite, es un proyecto único en el mundo.

—¿Cómo reacciona el público cuando actúa fuera?

—La gente lo flipa, y no solo porque usemos latas. Somos profesionales, y eso se nota en el escenario. Tuvimos una buena idea y nos hemos preocupado de desarrollarla; por ejemplo, en el “Festival Insólitos” de Burgos tienen muchísimas ofertas de gente que hace instrumentos y que quiere mostrarlos, pero eso tiene que pasar por un filtro. Por muy rocambolesco que sea, el instrumento tiene que hablar y demostrar que esa propuesta merece la pena. Hay muchas horas de investigación detrás de las latas.

—¿Qué son las “Melodías del aceite”, en las que trabaja ahora?

—Aunque esta guitarra, hecha con una lata de aceite, está pensada para el blues, me llevó a trabajar otros sonidos; por ejemplo a investigar, con arcos, nuevas sonoridades, y me empezó a dar una cantidad de vida impresionante. Quieras o no, al ser de Jaén, vas con tus padres a la cooperativa a comprar aceite y, prácticamente, me he criado en las olivas. Siempre quise componer algo relacionado con mi tierra, y de golpe y porrazo el instrumento me empezó a sonar distinto a la guitarra y se me ocurrieron estas melodías, una sinfonía que estoy acabando. Al ser un instrumento relativamente nuevo en su género, aporta también colores y sonidos distintos.

—La idea de construir guitarras con latas de aceite de oliva, ¿fue suya? ¿Cómo se le ocurrió?

—Las latas se hacen desde principios del siglo XX, pero nunca habían subido a un escenario. Son una variable del “cigar box”; como en esa época no había mucho dinero para comprar instrumentos, se utilizaba cualquier cacharro, se le ponían cuerdas y un mástil, y a tocar. En mi caso, vi una lata de aceite de Cazorla y pensé: “Blues, aceite..., todo coincidía”. Me puse en contacto con un luthier y salió la primera; a partir de entonces estoy dándole vueltas a la cabeza constantemente. Las propias latas, desde la primera que utilicé hasta las que usamos ahora, también han evolucionado. Las necesidades crecen cuando trabajas, cuando estás sobre el escenario. La última me la hizo Ginés, de Lupión, un luthier con mayúsculas, que fabrica él mismo las piezas. La base es siempre la misma, pero adaptada a lo que yo necesito.

—Andrés Segovia dignificó la guitarra española cuando nadie apostaba por ella para concierto. En su caso, ¿cree que ha dignificado usted el instrumento que maneja, hasta convertirlo en la “Aovecan guitar”?

—Esto no lo ha considerado serio nadie hasta que lo he subido a los escenarios. Yo he visto muchas latas por ahí, pero sobre las tablas..., nunca. Me ha costado mucho traerme el instrumento a mi terreno, porque, de entrada, me absorbía. Tiene sonidos que me interesa que suenen a lata, sirve para la percusión, puede imitar el canto de los pajarillos... Está lleno de posibilidades, la verdad es que me tiene totalmente atrapado. ¡Ojalá que a la gente le dé por tocar las latas y, así, podré aprender de ellos también!

—Cuarenta años de trayectoria musical, grupos, discos, actuaciones ha compuesto obras clásicas, imparte docencia...

—He invertido mucho tiempo en aprender cuando aquí no había nadie, prácticamente. Carlos González, de Apache, un monstruo, que me enseñó muchísimo. He pasado por conservatorios, pero no es lo mío, creo que deberían estar más actualizados. Yo tengo alumnos que han terminado el Superior a los que, si los sacas del contexto de la Armonía que estudian allí, no les sirve para nada. La gente joven quiere comunicarse con su tiempo, ¿para qué quiero yo comunicarme con el siglo XVII? Eso hay que conocerlo, sí, pero hay que relacionarse con la música de ahora, con la armonía moderna, que no está en los conservatorios.

—¿Le gusta enseñar?

—Me da muchísimo respeto, estoy superagradecido de que la gente cuente conmigo, me parece brutal. Me gusta transmitir, y yo también aprendo de los alumnos.

—Su último trabajo discográfico, con Pápa Júlu, ¿está, como su título, “Dando la lata”?

—Estamos superilusionados. Lo grabamos aquí, en Jaén, en los estudios Halo, de Francis Armenteros. Él se involucró mucho en el proyecto. Este instrumento no es una guitarra, las frecuencias que emite una lata hay que trabajarlas mucho para que no suenen desagradables, y eso ha sido cosa de Francis Armenteros.

—¿Qué es Pápa Júlu?

—Yo no tengo más que dos manos, hasta ahí llego; tengo a Javier Melero tocando la guitarra a mi lado, a Antonio y Vicente Pérez en el bajo, la batería de Antonio Tesías o Pepe Mayoralas y a mi hermano Fernando, que lleva conmigo veintitantos años cantando así de bien. Todo a base de latas, menos la batería —todo llegará—. Pápa Júlu es lo que ves en este trocito, a mi alrededor, pero llevado a la enésima potencia. Un trabajo en equipo, eso sí. Sin ellos, yo no sería nadie.

—¿El nombre del grupo, de dónde viene, qué significa?

—Eran cuatro amigos: Paco, Paco, mi hermano Juani, que murió, y Luis, que tenían un garito de música a principios de los años 80, el Papajulu, todo junto. Yo lo separé y le puse Pápa, con acento en la a, porque suena más gitano —“ay, papa”—, y Júlu, con acento en la u, por mi hermani Juani —esto no lo había contado nunca—. A lo tonto, a lo tonto llevo a mi hermano siempre conmigo. Aparte de esto, busqué en internet a ver si aparecía y no salía nada, con lo difícil que es poner un nombre y que no aparezca.

—El músico que no sale en televisión, ¿no existe?

—Eso parece, pero no es verdad. De la música se puede vivir de muchas formas. No es que te vayas a comprar un Mercedes, un chalé y un caballo, pero para comer... A mis cincuenta y tres años, con que no falte el trabajo, tirar para adelante, luchar, no dejar de estudiar e investigar en este mundo que me apasiona y me vuelve loco... me conformo.

Bach, Paco de Lucía y B. B. King

Pedro Peinado ama la música por encima de todo, y considera al maestro del Barroco Johan Sebastian Bach un rebelde y un gran genio, que tuvo que luchar, en su época, para que su obra fuese aceptada. Del ámbito de la guitarra flamenca destaca al gaditano Paco de Lucía, y B. B. King le parece incontestable dentro del universo “blusero”. También tiene buenas palabras para el cantautor ubetense Joaquín Sabina, en cuyo estudio madrileño ha trabajado y con el que le gustaría compartir escenario en alguna ocasión.