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URGENTE

“Las mujeres todavía estamos apartadas del flamenco”

Vicky Romero
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29/07/2018
La cantaora jiennense apunta que el flamenco-fusión ayudó a que muchos jóvenes se acercasen al arte más tradicional. Asimismo, confiesa que poner voz a poemas andaluces la llena de emoción porque hablan de la historia de su tierra

Pasión y arte. El duende de Vicky Romero la ha hecho convertirse en una de las artistas más destacadas del flamenco con alma jiennense. Romero lleva por bandera el poder que tiene este cante a todos los escenarios que disfrutan de su presencia y concibe el flamenco como un cante versátil del que “beben” muchos jóvenes talentos en la provincia, y entiende que necesita más promoción. Defiende, además, un papel más inclusivo e igualitario de la mujer.

—¿Cuál es la auténtica raíz del cante flamenco a su entender?

—Yo apoyo la hipótesis de que el cante es una mezcla de distintas etnias que estuvieron en Andalucía: los judíos, los árabes, los gitanos y los autóctonos que había. Parte de la raíz del cante nace de aquellos pregones antiguos que se hacían por los pueblos. Eran los pregoneros quienes los recitaban, que por aquel entonces eran los panaderos, los que vendían la uva... Es de lo que se conoce que fueran los primeros cantes, aunque no tenían ningún compás ni ninguna musicalidad. Las tonás, como por ejemplo la saetas, se creen que proceden de Los Franciscanos, cuando salían en su Vía Crucis, que era una celebración donde recitaban una especie de oración pidiendo perdón por las personas que habían pecado. Este es el origen que defiendo.

—A la hora de cantar obras de flamenco-fusión, ¿cuál es el estilo que mejor se conjuga con el flamenco?

—Esto es muy relativo, porque al flamenco-fusión le vienen muy bien los ritmos latinos por la raíz que tienen en común (afroamericana) y también los ritmos más africanos que tienen que ver con los tambores. Quizás, esa fusión afro-cubana es la que puede ser un poco más idónea. Luego, hay otros ritmos más actuales como el funky, que no dejan de ser una buena mezcla porque tienen una raíz muy de los tangos flamencos y, quizás, cuesta menos hacer esa fusión. Con este estilo, se le ha dado a conocer a una generación de jóvenes el flamenco a través de este tipo de mezclas y, de ahí, se han podido captar. Cuando Camarón, en su momento, revolucionó porque hizo una mezcla de ritmos (así como Morente), es cierto que atrajo gente al flamenco que, hasta entonces, no lo conocían. Esto también pasó cuando Paco de Lucía hizo “Entre dos aguas”. Porque a la gente joven no le gusta tanto el flamenco jondo, porque hay que saber entender ese cante y es algo que, cuando lo escuchas por primera vez, o te gusta o no. Entonces, es cierto que es difícil llegarles a estas generaciones jóvenes, pero no podemos negar que la fusión actual ha hecho que muchos llegasen al flamenco a través de Niña Pastori, Ketama... Para ellos es mucho más sencillo asimilar lo que es el flamenco y que les guste más. Obviamente, siempre gustará más la parte rítmica del flamenco.

—En su carrera, le ha puesto voz a versos de poetas tan emblemáticos como Miguel Hernández, ¿qué significa esto para usted?

—Fue complicado, más que darle voz, darle la forma. Había que adaptar la métrica de los poemas de Miguel Hernández a los cantes en el flamenco y, a veces, las frases eran más extensas. Me encontré con el hecho de cómo recorto aquí o qué cante encaja. Así que, lo que fui haciendo fue leer los poemas y como a mí me iba sugiriendo cada uno un cante determinado, lo fui adaptando. Sí es cierto que no fue nada fácil adaptarlo, pero sí ponerles voz, porque es un poeta que siempre me gustó y que recoge muchísimas cosas del pueblo. Entonces, eso no me resultó difícil porque ya conocía “Andaluces de Jaén”, y era algo que me gustaba y que tenía ganas de hacerlo. Fue emotivo, porque, por ejemplo, la “Nana de la cebolla” es algo que a nivel personal me llamaba mucho, por lo que ponerle voz fue muy emotivo.

—No solo son los versos de Hernández los que canta, también los de Lorca, ¿qué evocan para usted los poetas y poemas andaluces?

—Los poemas andaluces hablan de esta tierra y de un momento en el que no estaba muy bien a nivel sociopolitico. Se pasaban muchas fatigas y yo sé de gente de campo que las ha pasado. Entonces, creo que los poetas andaluces han sabido reflejar esa sociedad en la que vivían. Hicieron tanto una crítica, como hizo Federico García Lorca, quien encima podía hablar entre comillas de todo lo que hacía de la parte homosexual. Para mí, los poetas andaluces tienen una forma de expresar lo que sucedía en ese momento que me gusta y, además, también tienen una manera de hablar de esta tierra, de los campos (como Miguel Hernández), de lo bonito que se dice en Andalucía.

—El flamenco es un cante de tradición, pero ahora también experimenta mucho movimiento, ¿cierto?

—El flamenco está viviendo ahora una especie de, por un lado, retroceso hacia el pasado. Estamos encontrando en el cante que se vuelve a la raíz clásica y más purista. Parte de la gente joven que está surgiendo ahora vuelve a esta raíz y, por otra parte, encontramos todo lo contrario. Hay personas que obtienen éxito y, sin embargo, lo que hacen con el flamenco es totalmente diferente. Llevan al flamenco a una serie de mezclas que les parecen muy extrañas al mundo ortodoxo e, incluso, a los menos ortodoxos (como a mí) nos parece raro que se pueda jugar con estas formas. Digamos que estamos en un momento en el que también a cualquier cosa se la está llamando flamenco y tampoco puede ser así. Es decir, yo siempre he apoyado mucho las fusiones y las apoyaré, pero siempre partiendo desde el punto de vista de la lógica y sin dejar atrás lo que es el flamenco. Porque si surge algo nuevo que es aflamencado o que tiene algunas notas se puede llamar así, pero no lo podemos denominar “flamenco”, porque no está dentro de ningún estilo. Estamos así ahora mismo en el cante, y en el baile también hubo algo de revolución con Rocío Molina, con puestas en escena muy arriesgadas, diferentes y mucho más teatrales, y que cuesta al mundo de la ortodoxia entender esto. Cada artista puede expresar su arte como quiera.

—El flamenco se ve así como un arte muy ortodoxo, ¿echa esto para atrás a futuros cantaores y cantaoras por miedo a las reglas estrictas?

—Sí, es verdad. Esto hace que se echen para atrás muchas personas, porque los círculos más ortodoxos son demasiado estrictos. Eso es completamente cierto. Estamos intentando luchar porque no sea así. De hecho, los propios cantaores que ya nos movemos no cuesta también subir a un escenario sin nervios, porque tienes la sensación de que te están examinando continuamente, que tienes a pie de escenario a una serie de personas que están haciendo de críticos. Esto, además, es muy relativo, porque aquí entra en juego el gusto de las personas que te esté viendo más sus conocimientos. No es justo que un cantante tenga que ser sometido a esta presión. Cuando uno se presenta a un concurso la tiene, pero fuera de él, en las peñas flamencas, dentro de las ramas ortodoxas, no es necesario que el cantaor tenga esa presión. Esto, quizás, tira para atrás a gente que quiera dedicarse al flamenco. Se le teme.

—¿Existen desigualdades de género en el flamenco?

—Sí. El papel de la mujer todavía no es igual al del hombre. Hace unos meses, sobre marzo, di una conferencia sobre la mujer, en Úbeda. Y, precisamente, rescaté a las mujeres de principios del siglo XX que nunca fueron reconocidas de aquí, de la provincia de Jaén, cuando hubo grandes cantaoras. Lo que acabé diciendo es que, aun estando en el siglo XXI, las mujeres todavía estamos apartadas del flamenco. Sigue habiendo una parte machista importante. Una compañera me dijo que cantó por seguidillas en una peña flamenca y que le dijeron que no cantó mal por seguidillas a pesar de ser mujer. Es decir, todavía hay determinados cantes que se ven para los hombres, que son aquellos más serios, y los cantes más livianos (los que ellos consideran como “más fáciles”), son los cantes de la mujer. Todavía hoy nos encontramos con estas cosas, desgraciadamente. La lucha la tenemos que continuar. La mujer tiene que tener hueco. Destaco, además, que de todas las Lámparas Mineras solamente hubo dos mujeres premiadas hasta el año 2000, y este premio está desde el año 1961. Desde el 2000 en adelante hay más mujeres premiadas, gracias a Dios. La mujer en el flamenco todavía está en los años 40 o 50.

Savia nueva en el arte jiennense

La artista jiennense apunta que son muchos los jóvenes de Jaén que desean dedicarse al flamenco. Sin embargo, explica que no se les da oportunidades suficientes como para que consigan hacerse un hueco en el sector, lo que hace que muchos de ellos se vean obligados a marcharse fuera de la provincia para buscarse un futuro donde puedan vivir de su duende. Por ello, Romero señala que falta mucha más promoción, tanto interior como exterior, de estos jóvenes talentos por parte de las administraciones y peñas.