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domingo, 18 noviembre 2018
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URGENTE

“El Cerro es un mausoleo como el Valle de los Caídos”

Santiago de Córdoba
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Histórico político y sindicalista iliturgitano y uno de los principales responsables de mantener viva la memoria de los represaliados jiennenses por el franquismo, es un incansable investigador del socialismo en la provincia

Se puso por primera vez pajarita en 1966 y ya no sabe salir a la calle sin ella. Fiel a sí mismo y a sus principios, dice que la política actual no le ilusiona y que, tras toda una vida de lucha sindical, sus grandes anhelos los ha visto cumplidos en la familia. Socialista y ugetista histórico, no fue cura “de milagro” y, actualmente, dedica su tiempo a culminar su obra literaria en torno a la historia del socialismo en la provincia.

—Nació en los tiempos duros de la posguerra, ¿cómo recuerda aquella época de su infancia.

—Nosotros vivíamos del campo, mi padre era albañil pero teníamos, a dos kilómetros de Andújar, una huerta. Recuerdo que, los sábados y domingos, venía la familia de los albañiles y la huerta era poca para tanta hambre. Yo no pasé necesidad, porque mis padres tenían algunos recursos. Pero el hambre estaba en torno a nosotros.

—¿Fue ese ambiente el que le hizo tomar conciencia de clase?

—Mi padre estaba afiliado a la UGT desde 1931. Cuando yo empecé a salir en los periódicos por mi actividad sindical, se lo dijeron y él me subió a una buhardilla que teníamos en casa y me dio su carné de la UGT. Esa fue mi inquietud y lo que me inclinó definitivamente. Muchas veces, los caminos que uno se traza no se eligen. Yo, por ejemplo, cuando tenía nueve años sacaba muy buenas notas en la SAFA. Entonces, el profesor Antonio Borrego, un hombre cristiano, de derechas, falangista pero una gran persona, llamó a mis padres y les dijo que tenía que seguir estudiando. Mi padre no tenía tanta disponibilidad para que yo diera un salto a Jaén o Madrid, y el recurso que vieron fue meterme de seminarista. Estuve desde los nueve hasta los veinte años, cuando me salí me faltaba prácticamente un año y pico para cantar misa.

—¿Qué conserva de su etapa en el seno de la iglesia católica? ¿Por qué renunció a ser sacerdote?

—La verdad es que nunca he renunciado a mi pasado como religioso. Me dieron aprendizaje, disciplina, aprendí a fijar objetivos muy férreos, y eso lo asumí bien. Todo era una cuestión de disciplina, yo tenía los votos de castidad y pobreza asumidos, pero el de obediencia no; cuando yo decía que eso era blanco, mi consejero espiritual decía lo contrario, no me lo renovaba y decidí irme.

—Con veinte años de edad puso tierra de por medio y se marchó a África como profesor de Español, en pleno franquismo. ¿Qué poso le dejó esa experiencia?

—Mi padre quería que fuese aparejador, y yo no quería. Vino un primo mío de Francia y me fui con él. Allí mantuve muchas reuniones con los exiliados españoles, entre ellos los jiennenses, y ese recuerdo es el que me inició luego en mi actividad política.Convalidé los estudios y me presenté a oposiciones para profesor de español en países africanos de habla francesa, que acababan de independizarse. Estuve cinco años y viví, en tres meses, dos golpes de Estado. Incluso pasé una situación comprometida cuando trasladé al hijo del subsecretario de Educación, que vivía conmigo y que se encontraba en peligro, lo querían matar. Lo pasé en el coche, atrás, por la aduana, hacia Lagos. Por salvar la vida de ese hombre pude ser yo una víctima. Estas cosas no las piensa uno, nada más que en salvarle la vida en ese momento.

—¿Cómo encontró España cuando regresó, a finales de los 60?

—Cuando volví, el sistema se estaba degradando, aunque seguía la represión y el franquismo no permitia ningún movimiento de oposicion. Yo me incorporé al Banco Central en Madrid, en el departamento de extranjeros, como técnico de importación y exportación, gracias a mi dominio de la lengua francesa, y ahí empecé a luchar contra el régimen. En el banco había líderes del PCE y del PSOE y me incliné, por simpatía, por el Partido Socialista. Me impliqué tanto que incluso recibí apercibimientos, para expulsarme. Entonces, en 1976, solicité traslado y me vine a Andújar. Eran tiempos ilusionantes. A partir de entonces fue cuando tomé una verdadera conciencia política, basada en ideología y sentimiento.

—Usted desempeñaba puestos orgánicos de responsabilidad durante la Transición. ¿Cómo vivió ese momento histórico?

—Sí, tuve responsabilidades como secretario general de la UGT en Andújar, secretario de los despachos juridicos laborales, miembro de la comision de conflictos... Yo levanté el acta de constitucion del sindicato en Andalucía en 1980, incluso asistí a reuniones en Madrid por entonces, porque los golpes de sable de “Galaxia y compañía” existían y había que saber qué hacer en caso de golpe de Estado. Y con ETA matando.

—¿Está de acuerdo con los sectores que aseguran que el proceso hacia la democracia se dejó muchas cosas en el tintero?

—Se hizo lo que se pudo, no se pudo más, era eso o un golpe de Estado y que volviera a correr sangre. Personalmente creo que en tiempos de Felipe González tuvo que abordarse este asunto, y no se hizo por comodidad y por el caladero de votos de unos y otros, desde el PCE hasta AP.

—¿Le parece que Franco debe salir del Valle de los Caídos?

—Es necesario. Cuando una cosa llega tarde, aunque sea tarde, mejor hacerla. Esto se tuvo que hacer antes; Felipe González, con mayoría absoluta, tuvo capacidad para derogar ese borrado del pasado y de poner punto final a todo lo que había pasado y, así, adaptarse a la democracia europea. Ni en Italia ni en Alemania permitirían nunca homenajes a Hitler o a Mussolini.

—La memoria histórica es otra de sus principales preocupaciones. ¿Sigue vinculado a los colectivos que la defienden en la provincia?

—No.Juan armenteros y yo iniciamos, en 2003, la Asociación para la Recuperacion de la Memoria Histórica de la provincia de Jaén, de la que fui vicepresidente hasta 2006. Yo soy socialista, pero no un escaparate o la capota para mancillar la lucha de los republicanos, que unos eran comunitas, otros anarquistas, otros socialistas y otros de derechas. Murieron por unos ideales y en defensa de unos derechos, no por partidismo. Cuando vi que esto estaba derivaba en una asociacion de amigos, partidista y sin reivindicación, lo dejé. Además tengo setenta y cinco años y ya no conduzco, por cuestiones de visión.

—Cuando habla de falta de reivindicación, ¿a qué se refiere?

—Por ejemplo aquí, en Andújar, tengo documentados 577 elementos franquistas, incluso hice un expediente de 761 páginas que se presentó y registró en el despacho del alcalde Francisco Huertas con toda fanfarria, en 2015. Pero cuando vieron que se tocaba a la Virgen de la Cabeza y a la Iglesia, al Capitán Cortés y compañía, no se hizo nada, solo unos cambios para quitarle la medalla a Franco y el titulo de hijo adoptivo a Queipo de Llano. Lo demás, ahí sigue. El Cerro es un mausoleo, lo mismo que el Valle de los Caídos. Es intocable. Según la Ley, todo eso debiera barrerse.

—¿Está desencantado con la política en la actualidad?

—La política actual es una escuela de profesionales. Que el PSOE, después de gobernar tanto tiempo en la provincia, no cuente más que con 6.500 afiliados, significa que la gente está totalmente desconectada de los partidos, aunque en las elecciones cada uno vote al que le parezca. Yo tengo una gran desilusión, incluso con mi partido y mi sindicato. La dedicatoria que escribí al frente del Diccionario Biográfico del Socialismo Español en la Provincia de Jaén es muy significativa a este respecto: “El socialismo, la libertad y la felicidad solo los encontré en la familia”.

—¿A qué dedica su tiempo?

—Para mí el estudio ha sido siempre una pasión, he sido poco deportista, estudiar era y ha sido mi pan de cada día. Así que me paso las horas de los archivos a casa. Ahora trabajo en dos libros que saldrán muy pronto: “Diccionario biográfico del socialismo español: La Carolina (Jaén), 1879-1975”, y “Ana López Gallego. Una aproximación histórica de su tiempo: La Carolina, 1918–Madrid, 1939”.

Peculiar aficionado “merengue”

No se confiesa “futbolero” pero, eso sí, asegura que le encanta ver los partidos del equipo merengue, aunque con una singularidad: “Me gusta el fútbol cuando juega el Real Madrid, si gana o pierde me da exactamente lo mismo”. Cree que esta curiosa afición le viene de su época en el África francesa: “Cuando estaba allí, la gente no sabía dónde estaba España, pero sí conocían todos y cada uno de los nombres de los jugadores del RealMadrid, es un sentimiento que me ha quedado de aquellos tiempos”.