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miércoles, 14 noviembre 2018
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URGENTE

“El arte no ha muerto, porque no va a haber quien lo mate”

José Antonio Rivas
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El artista malagueño encontró en Bailén el lugar perfecto donde abrir su estudio, donde trabaja tanto la pintura, como la escultura y la cerámica. Sus obras, además, están repartidas por toda Andalucía, muchas de ellas en Jaén

Desde Cómpeta, Málaga, José Antonio Rivas se trasladó a Jaén buscando la oportunidad de poder desarrollarse como artísta. Con el paso de los años, su talento de ha visto recompensado por el gran interés que suscitan sus creaciones en toda Andalucía. Pero son Bailén, ciudad en la que reside, y Cómpeta, su lugar de nacimiento, las zonas que más pueden presumir de tener esculturas y azulejería que lleven la firma de José Antonio Rivas.

—Nació en Málaga, pero sus estudios de arte los abrió en Andújar y Bailén, ¿cómo terminó en Jaén?

—Terminé en Jaén porque, una vez finalizados mis estudios como técnico superior de cerámica, me salió un trabajo en Andújar, en una antigua fábrica de azulejos. Entonces, aquí abrí mi primer estudio en el barrio de los belenes. De allí, ya salté a Bailén, que es donde estoy ahora y donde voy a morir.

—¿Desde cuándo empezó a sentir que su vida estaba dedicada al arte?

—Desde siempre. Yo siempre tuve esa sensación. Se podría decir que desde que tenía siete años. Fui de estos chavales que tenía muy claro lo que iba a hacer en la vida. Si ahora me diese la vida otra oportunidad, no lo pensaría tres veces aunque no sea un camino fácil. Creo que no sabría que hacer en mi vida otra cosa que no sea esta. Pero no se lo aconsejo a la gente nueva, porque no es un camino fácil. Tienes que tener la cabeza muy bien asentada. Conozco a infinidades de artistas y están todos tocados, porque esto es una profesión en la que muchos te piden que le regales un cuadro porque sí. Pero yo pienso en que, si yo tengo un amigo albañil, yo no me atrevería a decirle que viniera a mi casa a hacerme un cuarto de baño por la cara; por muy buen amigo que sea. Es una profesión para la que hay que estar muy bien para que no llegue a afectarte. Y luego, el éxito, posiblemente, te mueras sin verlo. Es muy duro.

—Entonces, ¿piensa que en la actualidad los jóvenes lo tienen difícil?

—Sí. Hoy en día están apareciendo personas que son antes artistas que pintores y después cuelgan sus currículums. Son todos artistas sin tener ni idea de lo que es el arte. Me pasa muy a menudo ver a algunos que se las dan de mucho, me enseñan un cuadro que han hecho y luego son una aplicación de móvil. A pesar de esto, el arte no ha muerto, porque no va a haber quien lo mate. Pero sí está sufriendo un tiempo difícil. Los museos están todos llenos de cosas absurdas que no van a ir nunca a ninguna parte. Cualquier clásico, a lo largo de su vida, tan solo hizo treinta o cuareinta obras que se reconozcan. Sin embargo, cualquiera de este tiempo tiene cinco mil. Yo siempre estoy con el progreso y tampoco me niego a decir que lo pasado es mejor. Pero el mundo del arte está gravemente tocado. Tiene que venir alguien que “zamarree” esto. Hay una frase de Gustave Flaubert que decía que llega un día en el que el hombre descubrió el arte porque tomó la tierra y se dio cuenta de que esta podía admitir la forma, y fue entonces cuando se inventa el verdadero arte, que es crear de una materia innerte una mirada, una expresión. Ese es mi camino y mi obra.

—Es pintor, escultor, alfarero... Entre todas las arte que practica, ¿cuál es su punto fuerte?

—No quiero parecer pretencioso, pero a mí se me da bien la madera, el modelado, la pintura en azulejería... soy técnico superior de cerámica y tengo unos conocimientos extraordinarios de los esmaltes. De hecho, yo no compro un kilo de esmalte en ninguna tienda que se dedique a estos menesteres. Yo solamente compro materiales y me hago yo mis colores. Así que mi azulejerías se ven enseguida, porque no hay nada que te recuerde que tenga ese tipo de coloridos. También hago bajorelieves con la misma técnica que con la que se hacía en el siglo XXI.

—¿Es complicado mantener técnicas tan tradicionales?

—Sí. Es una de las técnicas más difíciles, porque te conviertes en una especie de alquimista. Estás pintando y no sabes exactamente el color que después va a salir en la obra. De hecho, tienes que pintar imaginándote lo que va a salir después del horno. Hay veces que lo consigues con creces y otras veces que te vienes abajo. Pero de los errores se aprende, porque no eres tú con el pincel, sino que también eres tú, tus colores y el fuego.

—Sus monumentos presentan mucha simetía, ¿es importante este factor en sus obras?

—Siempre me han gustado las puntas y las líneas rectas. Cuando visitas el Salón de Interpretación de las Batallas de Bailén se explica cómo hice el monumento. Esto empieza a sentirse que soy un artista viejo, que la gente se atreven a decir cómo hice la obra, cuando simplemente son unos pulmones. En esa obran van expuestos una serie de personajes que no están en el cuadro de Casado de Alisal y esto, que es lo más importante, es lo que nadie ve.

—¿Están las restauraciones dentro de su campo de trabajo?

—Sí, de hecho raro no paro de hacerlas. Raro es el año que no restauro alguna imagen. Además, le meto mano sin divagaciones. Me pongo con ello porque estoy seguro de que lo voy a realizar. Además, a parte de mi profesión como ceramista, trabajé muchos años en la Ciudad Fallera con maestros muy buenos. De ahí es donde surgen mis bajorrelieves. A todo esto hay que adjuntarle la cantidad de horas que yo le dedico a una obra, que no están hechas en cuatro días. Hay cuadros que les he dedicado tres meses de trabajo. Pero trabajo de verdad. Donde tengo mi obra más fuerte es en la iglesia, porque en este tiempo hay muy pocos escultores o pintores que tengan tantas cosas. Yo tengo desde el santuario de la Virgen de la Cabeza al santuario de Martos (en el que estuve al menos dos años trabajando). Tengo obras en una de las iglesias más antiguas de la provincia, que es San Amador. Estas obras son de las que más me siento orgulloso, porque sé que son las que más van a perdurar en el tiempo.

—¿Cómo se enfrentó al proyecto del monumento a las Batallas de Bailén?

—Pues en cinco meses. Creo que es la obra que he hecho en menos tiempo y, precisamente, con un trabajo inmenso. Porque desde que la inicié hasta que terminé creo que me acosté tres noches. Además, los poemas que hay también son míos. Yo soy un pacifista total y eso lo reflejo en mis textos. Todo el mundo quería exhibir sus poemas, pero dije que no, que yo también escribía (yo hago cualquier cosa, menos zanjas en el suelo). Y está precioso. Bueno, a no ser porque una alcaldesa que mandó a unos amigos a que lo pintaran. Pero en fin, es la mediocridad de Andalucía. Lo mismo que hay pueblos que colaboran contigo, con esta mujer tuvimos un fracaso enorme.

—Con respecto a la poesía, ¿ha llegado a publicar algún libro?

—No publico nada porque, entre otras cosas, me parece muy pretencioso. Lo que sí he hecho es recorrerme todas las prisiones de Andalucía haciendo recitales a los presos con un grupo de gente de Andújar, Granada, Almería... Siempre canto mis canciones y pienso que es algo que me gustaría hacer cuando llegue el momento en el que decida hacerlo. Porque realmente puedo hacerlo cuando quiera.

—No solo tiene monumentos en Bailén, sino que también hay en Carboneros, La Carolina, Navas de Tolosa... ¿Es Jaén su lienzo?

—En esta zona hay prácticamente muy pocos pueblos en los que yo no haya realizado un tema. Este año ha sido frutífero, porque me han encargado bastantes cosas. En Navas de San Juan inauguramos una fuente en honor a los colonos preciosa, en Aldeaquemada también hicimos un trabajo muy bonito con una azulejería con mucha clase... Por otro lado, junto con un catedrático de Granada, conseguimos hacer un renacentismo tan puro que casi me atrevería a decir que hemos superado lo que hay en la Plaza de España en Sevilla. Eso se puede valorar, porque está en la calle para que lo vea la gente. Es un trabajo fabuloso que culmina toda la obra mía en Bailén, donde todo lo que hay es prácticamente mío, como la fachada de San José Obrero, de El Salvador... Yo en Bailén me siento muy protegido y querido.

Cómpeta, su propio museo

Son muchos los lugares en Andalucía que cuentan con obras que tienen la firma de José Antonio Rivas. Entre ellos, el artista destaca el amplío número que tiene en Cómpeta (Málaga), ciudad en la que nació. “Es como un museo mío”, dice. Allí se muestra casi 40 murales de grandes dimensiones que explican la expulsión de los árabes y la Rebelión de la Alpujarra, todos obra de Rivas. Ahora, el artista cuenta que va a hacer una segunda escultura del Vendimiador, ya que la rompieron. Comenta que la hará en bronce.