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miércoles, 22 mayo 2019
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“Me falta algo si no vengo a Jaén en Semana Santa”

Santos Ortiz
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  • NAZARENO. Santos Ortiz es fiel a su cita y acompaña cada Miércoles Santo a su Cofradía de la Buena Muerte por las calles de la ciudad.
    NAZARENO. Santos Ortiz es fiel a su cita y acompaña cada Miércoles Santo a su Cofradía de la Buena Muerte por las calles de la ciudad.
Es geólogo y aunque vive en Valencia desde hace unos treinta años, este jiennense no se pierde la oportunidad de volver a su ciudad de origen cuando puede, más en tiempo de Semana Santa para acompañar a la Buena Muerte

De la capital. Esa es la respuesta que, en muchas ocasiones, tiene que dar Santos Ortiz cuando explica que es de Jaén. Desde hace más de veinte años vive en Valencia, pero el nunca se pierde una cita con su Semana Santa jiennense ni, mucho menos, con la Cofradía de La Buena Muerta, de la que forma parte desde que era muy joven. Así, aunque abandonase su ciudad hace años, sigue estando muy cerca de ella y ligado a lo que sucede en la misma.

Es un jiennense en Valencia.

—Soy de Jaén, tengo actualmente 56 años y me fui con 26 a Zaragoza y desde el año 1990 vivo en Valencia, pero de aquí sí.

¿Cómo está viviendo la Semana Santa de estos días?

—Como jiennense con mucho entusiasmo e ilusión porque para mí la Semana Santa, y para los que estamos fuera, representa, independientemente del sentimiento que cada uno tenga, religioso, cultural, folclórico, algo importante. Pero para mí es una manera de volver a mis raíces y a mi identidad. Es una revolución en todos los sentidos, espiritual, cultural y una forma de recordarme de dónde vengo. Soy de la hermandad de la Buena Muerte desde que tenía nueve años y he salido siempre y también supone una especie de anclaje y de raíz con lo que es mío y marca mi identidad.

Es una fecha señalada en la que decide venir siempre.

—Sí o sí. Además, a nivel personal, como si me faltara algo si yo no estoy en Jaén en Semana Santa y, en mi caso concreto, procesionando con mi cofradía.

—¿Cómo fue la procesión de la Buena Muerte de este año?

—Afortunadamente todo fue bien a nivel meteorológico y a nivel profesional no hay nada que decir. La propia procesión, con la manifestación que hacemos los hermanos lo dice todo. Austeridad, seriedad y luego tiene momentos que son muy mágicos y que creo que todo cofrade sabe a lo que me estoy refiriendo. Y por supuesto un pueblo de Jaén entregado y admirado. No se trata de ser más ni menos que nadie, pero yo llevo ya 47 años procesionando y este ha sido uno de los años especialmente espectaculares.

¿Qué recuerda de la Semana Santa cuando era joven?

—Recuerdo un hecho de mi hermandad que fue especialmente bonito y es que cuando la Semana Santa estaba más “caída”, las procesiones eran más rutinarias y protocolarias y un grupo de jóvenes dijo de sacar los pasos gratis, porque antes se pagaba, y eso surgió en la juventud de entonces de los 70. Salieron unas ganas de trabajar y hacer cosas. Y ese empuje animó a todos los demás. Alguien tenía que emprender, pero es bueno que los demás sigan el ejemplo.

—¿Qué diferencias encuentra en la Semana Santa de Jaén cuando era joven y la de ahora?

—La primera diferencia es que partimos de una Semana Santa modesta con nuestros puntales pero que ha habido una explosión o florecimiento porque cuando estaba en Jaén éramos catorce cofradías y ahora, afortunadamente, ha proliferado mucho el tema. Se ve que hay una pasión, no solo religiosa, sino también cultural, por estas manifestaciones y la veo muy bien. Además, resulta espectacular. Yo antes me sabía las procesiones y ahora tengo que consultarlo y eso es algo bueno. Los jiennenses salen a la calle y se disfruta, se vive y todo tiene sus luces y sombras, pero el balance es altamente positivo. Estoy muy contento de ver como Jaén va adelante, aunque aún quede mucho.

—¿En qué queda mucho?

—Deberíamos de sentirnos orgullosos de nuestra identidad. No tenemos que copiarnos de nadie, en el caso concreto de la Semana Santa. Luego debemos ser una ciudad que viva sin complejos, hay que copiar lo bueno de los demás y darle nuestro toque, porque el jiennense y Jaén tienen mucho que ofrecer a Andalucía, al resto de España e incluso al resto del mundo. Puedo ser exagerado, pero soy un jiennense ferviente.

—Sin embargo, en muchas ocasiones está el dicho de “que en Jaén no hay nada”.

—Yo vivo en una gran ciudad. Valencia tiene una oferta cultural maravillosa. De hecho, vivo al lado de la ciudad de las ciencias, lo que es un evento de visita es algo que yo bajo a la calle y la veo. Al final en cada sitio hay sus cosas. Sitios de fiesta hay en todos sitios, oferta cultural también. Entonces ese dicho no es verdad. Al final es que el problema es que hay personas muy autocríticas y de baja autoestima. Uno de los defectos de Jaén es que somos una ciudad provinciana, y que nadie se ofenda, de mente poco abierta. En la vida hay que tener otras perspectivas, siempre dentro de una honestidad. En Jaén faltan emprendedores. Los jiennenses no nos tenemos que avergonzar de nada, que tenemos un gran potencial, una magnifica ciudad y una catedral y monumentos como no hay en el mundo. Lo que tenemos que hacer es animarnos y tirar para adelante.

¿Por qué formar parte de la Buena Muerte?

—Por dos razones. Una familiar y otra estética. Un tío mío, por desgracia ya fallecido, era capataz cuando yo era pequeño del Cristo de la Buena Muerte. Siempre salíamos a ver la procesión del tito y siempre la sangre tira. Además, a mí siempre me impresionó mucho la solemnidad de las imágenes. Es un sentimiento personal. La veía distinta y me llamaba la atención. El paso de Víctor de los Ríos del Descendimiento es magnífico, la Virgen de las Angustias también y, bueno, me gustaba la Semana Santa y esa cofradía me atrajo. Empecé de joven colaborando y, bueno, por suerte porque era trabajo y por desgracia porque era abandonar Jaén, dejé la primera fila de colaboración con mi hermandad, pero me hice el propósito de estar siempre en Jaén.

—¿Cómo fue esa salida de Jaén?

—Bueno, yo soy geólogo y no tiene mucha salida en esta zona. Me salió trabajo y entonces me fui. Primero estuve en Zaragoza y se acabó el trabajo y estaba recién casado. Volvimos a Jaén y en una semana conseguí, a través de un profesor, que me contratasen en Valencia y empecé seis meses y bueno, llevo ya casi treinta años.

¿Cómo es la vida de un jiennense en Valencia?

—Pues mira, tenemos la suerte de que allí por donde vas hay alguien de Jaén. Es cierto. Es muy típico que cuando dices que eres de Jaén te pregunten de que pueblo eres, porque es cierto que la mayoría son de pueblos, pero yo siempre lo digo, soy de Jaén capital. En general es que es una tierra en la que hay muchos andaluces, pero en concreto, mucho jiennense. Pero por lo demás la vida en Valencia es muy buena, contamos con playa. Aparte de Jaén la verdad que es un muy buen sitio para vivir.

—¿Qué diferencias encuentra entre Valencia y Jaén?

—Pues Valencia es otra gran capital, con una gente muy acogedora, un buen sitio para vivir, así que la verdad es que la única diferencia es que Jaén es mi tierra y Valencia no lo es.

¿Le gustaría volver a su tierra?

—Pues algún día sí. De todas formas, yo el contacto con Jaén no lo perderé jamás. Luego también es cierto que tengo unos hijos que ya nacieron en Valencia, les gusta mucho Jaén, como para vivir no, porque prefieren más dinamismo, pero en realidad es un espejismo, porque para salir cualquier sitio es bueno.

¿Cómo es y cómo ve la Semana Santa de fuera de Jaén, en concreto, en Valencia?

—El Levante en general es más folclórico, la Semana Santa está llena de figuras bíblicas. De hecho, en muchas ocasiones cuando decía que me iba a Jaén a mi procesión me preguntaban de que me disfrazaba. No es mejor ni peor desde luego, es otra manera de ser. Que la Semana Santa no tiene que indicar que haya que llorar, pero tienen otro concepto, uno más lúdico de la vida y aquí es uno más trascendente, sin entrar en creencias ni ideas. Pero en devoción es igual, luego en forma de expresión hay diferencias. Mientras aquí le damos un mayor esplendor a los pasos, allí, prima más el desfile, los trajes que son lujosos, pero en cuanto a la devoción o sentimiento es igual, otra forma de vivirlo.

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