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URGENTE

Enamorada del protocolo

Esta inquieta joven, que se crio entre Bailén y Andújar, asiste a diario a los movimientos de la Comisión Europa. Su trabajo como responsable de eventos en un hotel de Bruselas le abre las puertas a un interesante mundo
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03/07/2016

Sandra Padilla Cano nació el 3 de abril de 1989 y pasó su infancia entre Bailén y Andújar. No le dio tiempo a aburrirse, porque pertenece a una familia bastante numerosa: entre primos y hermanos, son 25. “Estoy acostumbrada a estar rodeada de mucha gente y tener siempre algo que celebrar. A pesar de que estamos repartidos por el mundo, mantengo el contacto con todos ellos”, deja claro. Como tantos “jiennenses por el mundo”, para ella es fundamental el “Skype”, un programa informático para conferenciar a distancia. A pesar de su juventud, su trayectoria profesional es dilatada y, actualmente, trabaja en el Hotel Silken Berlaymont de Bruselas, un hotel de 4 estrellas, justo enfrente de la Comisión Europea. Pero, para entender cómo llegó allí, hay que dar un repaso a toda su carrera anterior. Su primera experiencia en el extranjero fue con 18 años, cuando estuvo en Malta durante un mes para aprender Inglés. “A partir de ese momento, tuve claro que quería trabajar en un ambiente multicultural, aprender idiomas y, sobre todo, que quería viajar y conocer mundo”, explica. Ello le llevó a estudiar la Diplomatura de Turismo en Córdoba, a un intercambio a Zaragoza y, más tarde, de Erasmus, en París. “Siempre estoy investigando algo para moverme y expandir mis horizontes. No puedo estar más de dos años en la misma ciudad, me aburro”, relata entre risas. En la Ciudad de la Luz, comprendió que quería aprender el idioma de Emile Zola y, sobre todo, regresar para pasear junto al Sena.

Sandra Padilla Cano, en medio de estas reflexiones, tuvo tiempo de estudiar un Máster en Protocolo y Organización de Eventos en Madrid, lo que la llevó a realizar prácticas en la gala de los Goya, los Premios José María Forqué y el Mundial de Balonmano. Con esta mochila cargada de buenas herramientas, pudo entrar a trabajar como coordinadora de eventos y, más tarde, en el Departamento de Comunicación en el hotel Silken Puerta América de Madrid, un 5 estrellas de gran lujo, diseñado por 16 arquitectos y diseñadores diferentes. “Mi pasión por el arte, la moda y París me hizo plantearme viajar allí para aprender Francés y cursar un Máster en Marketing y Comunicación de Moda y Lujo”, explica Sandra Padilla Cano.

En su regreso a Francia, estuvo un año entero como “au pair”, doce meses en los que cuidó de los que llama con cariño “mis tres niños”. “Mis pelirrojos, Céléste, Edmée y Gabriel, son como mis hermanos. Voy a París a verlos siempre que puedo. Son mis mejores maestros, pues todo el francés hablado, el del día a día, el que no viene en los libros, lo aprendí con ellos, así como millones de cosas que solo los chiquillos pueden enseñarte, como su forma de ver el mundo”, afirma esta iliturgitana y bailenense. Además, puede estudiar. Al regresar a España, envió currículos durante seis meses, pero no encontró nada, por lo que regresó a París y, justo la semana de los atentados, en noviembre, se le presentó la oportunidad de hacer una entrevista en Bruselas. “Y allí que me fui”, comenta. “Fue así como cambiaron mis planes 180 grados”, ejemplifica Sandra Padilla Cano, que es la “event & meeting coordinator” del establecimiento. “Me dedico a organizar todo tipo de actos para la Comisión Europea. Desayunos de trabajo para ministros, embajadores, presidentes y representantes de las instituciones; comidas, cenas, pequeñas ruedas de prensa y reuniones a puerta cerrada, en las que se discuten cuestiones determinantes para el futuro del continente. Es apasionante. Me encanta mi trabajo, me apasiona trabajar en un ambiente multicultural, estar en contacto con gente tan diferente”, afirma satisfecha.

mal tiempo e inquietud

Una de las peores cosas que lleva de Bélgica es el tiempo. Cada día tiene que echarse en el bolso unas gafas de sol y un paraguas. “A las once de la mañana truena y llueve a cántaros y, a las dos de la tarde, sale un sol radiante, para, después, volver a diluviar”, ejemplifica. “También me disgusta, y mucho, el ambiente que se respira por la calle estos últimos meses. Una de las bombas de los últimos atentados explotó a apenas 200 metros del hotel donde trabajo. Fueron momentos de angustia, pánico y, sobre todo, incertidumbre. Resulta muy impactante ir por la calle y sospechar de todo el mundo, ver los militares constantemente y, sobre todo, sentir que te da un vuelco el corazón cada vez que se oyen ambulancias, helicópteros o una sirena de la Policía”, relata Sandra Padilla Cano, que, como nueva bruselense, vive preocupada por la amenaza del yihadismo en esta capital.

ciudad con encanto

Pero no todo es ver llover y estar preocupado por los atentados en Bruselas. La ciudad resulta muy atractiva, según esta joven, por su multicultaridad y su espíritu cosmopolita, a pesar de la amenaza terrorista. La calidad de vida es bastante buena y las condiciones de trabajo, como deja claro, son mejores que en España. “Es fácil acceder a un contrato indefinido, las empresas ofrecen muchas oportunidades y Bruselas no es tan cara como otras capitales europeas”, explica. Además, tiene la suerte de contar a su alrededor con un excelente grupo de compañeros de trabajo y amigos. “Son tu familia cuando estás lejos de casa y la verdad es que yo puedo estar bastante orgullosa de ellos, de cómo me han acogido y de todo lo que me enseñan”, reflexiona. Con ellos son frecuentes las excursiones para conocer los encantos de Bélgica.

el día a día sin la familia, los amigos y su chico y con cierta falta de espontaneidad
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Lo que más añora de España es su familia, muy numerosa; a su chico, Rubén (con el que aparece en la imagen) y a sus amigas. “Esos domingos en los que comemos todos juntos arroz en casa de la abuela Encarna, las confidencias entre primas y las aventuras con los más pequeños. Las historias de mi abuela Caty, los debates con mi padre a la hora de comer para arreglar el mundo, el sonido de la guitarra de mi hermano en el cuarto de al lado y, sobre todo, los paseos con su perro Curro”, deja claro. Otra cosa a la que le cuesta acostumbrarse es a la falta de espontaneidad. “Aquí́ todo el mundo mide muy bien el tiempo y organiza las cosas con mucha antelación, yo soy más de vivir el día a día”, explica. No es fácil en ocasiones estar tan lejos de casa, pero, cuando está agobiada, se acuerda de su padre, que le dijo una frase que se repite constantemente: “La adaptación es la clave del éxito”. Y es que considera que los jóvenes de su generación, a pesar de estar muy preparados, tienen que enfrentarse a situaciones muy complicadas y con grandes dificultades para trabajar.

sus tres amores pelirrojos
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Sandra con Céléste, Edmée y Gabriel en París esta Navidad. Siempre que puede aprovechan para visitar a los niños que tuvo la oportunidad de cuidar como “au pair”.

de turismo con las amigas por bruselas
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Con una gran familia, a Sandra tampoco le faltan las amistades. En la imagen, con Carmen y María José, en el concurrido Mont des Arts, en el centro de la conocida como la capital comunitaria.

no todo es trabajar en el corazón de europa
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Con unas buenas amigas, Xenia, Laura y Fizza, en el Food Truck Festival en el Parc Royal, Bruselas, aprovechando una soleada jornada en la ciudad.

una escapada musical a amberes
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En el concierto de Macklemore, que llenó en Amberes, con un nutrido grupo de amigos.