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miércoles, 20 febrero 2019
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URGENTE

“Jaén está muy bien representado en la orden”

Eduardo López
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Funcionario del Ayuntamiento, es desde el pasado mes de noviembre caballero del Santo Sepulcro de Jerusalén. A ese “orgullo”, que lleva con “humildad”, suma la reciente concesión de la Medalla al Mérito Militar con distintivo blanco

Licenciado en Química y funcionario del Ayuntamiento jiennense, Eduardo López Aranda (Jaén, 1965) quiso hacer carrera militar, pero una lesión se lo impidió. Desde 2015 preside el Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas, es soldado de honor de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y el pasado año se convirtió en caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén —de la que fue miembro, entre otros, Cristóbal Colón—. En breve recibirá la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco concedida por el Ejército en recompensa a sus servicios.

—¿Cómo se siente tras la concesión de la condecoración?

—Supone un gran honor y, también, un estímulo para seguir trabajando en la difusión de los valores de nuestras Fuerzas Armadas y por la cultura de la defensa.

—Sobre su mesa de trabajo, la bandera de España y un crucifijo...

—La bandera nos une, es el símbolo de todos los españoles, y esto es un despacho oficial. El crucifijo va conmigo donde yo voy.

—Desde su respeto por los símbolos que representan oficialmente la unidad del Estado, ¿qué piensa de las aspiraciones independentistas que han llevado al proceso en Cataluña?

—Pienso que los que atacan la unidad de España y sus símbolos lo hacen desde una perspectiva egoísta, sin amplitud de miras. No son conscientes de que están atacando a la cabeza de la patria, pues sin unidad no puede existir progreso. La unidad de España es algo inamovible e innegociable, sin renunciar a la riqueza de cada una de sus regiones (pues unidad no implica uniformidad) ni a los privilegios que les otorga la Constitución. Y el Gobierno tiene que actuar firmemente y sin complejos ante el más mínimo intento de ruptura con el orden establecido por el propio pueblo español en su conjunto hace ya cuarenta años. Es la propia Constitución la que se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española por lo que de romper esta, se torpedea a aquella en la misma línea de flotación.

—En la vorágine del proceso, se oyeron voces que pedían la intervención del Ejército. ¿Estaría usted de acuerdo con ello?

—El Ejército es muy respetuoso con la Constitución. Yo he tenido conversaciones privadas con varios miembros de las Fuerzas Armadas en esta línea, y ellos tienen claro que están para lo que el Gobierno les indique. No creo que el Ejército de España del siglo XXI dé un paso en falso en ese ámbito. Son tremendamente leales, y ese es uno de los valores que lo hacen ser reconocido internacionalmente.

—En esta línea de plena actualidad, entre las exigencias de VOX para apoyar a un nuevo gobierno en Andalucía figuraban, hasta hace pocos días, exigencias que afectaban a la inmigración ilegal y a la violencia hacia las mujeres, entre otras peticiones. ¿Qué opina al respecto?

—Respecto a la inmigración ilegal, es un problema internacional que requiere de la colaboración supranacional. No obstante, con la delicadeza y el respeto que merece toda persona hay que actuar a través de los mecanismos legales oportunos para resolver los distintos casos que se produzcan, con las sanciones previstas en la legalidad vigente. En lo concerniente a la ley de violencia de género, salvando los contenidos legales que no los conozco, creo que tiene que ser una norma que abarque la totalidad de los supuestos que puedan producirse sin excluir a nadie de dicha ley, eliminando los distintos sesgos políticos de que pudiera adolecer. Desgraciadamente cada año hemos de asistir a asesinatos, maltratos y vejaciones —fundamentalmente a mujeres— que tienen que ser erradicados de la sociedad sin contemplaciones de ningún tipo pero, también, de una forma integral que incluya a todos por igual con los agravantes y atenuantes que estén marcados por las leyes.

—Otra de las propuestas del partido de Santiago Abascal era cambiar la celebración del 28 de febrero por el 2 de enero, fecha en la que concluyó la Reconquista.

—Sinceramente, soy respetuoso con el Día de Andalucía; ahora bien, el significado histórico que tiene el 2 de enero es muy superior al de la celebración de la autonomía.

—Desde el pasado año es usted caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. ¿Cómo llegó a saber de esta institución?

—Por el mundo por el que yo me muevo, conocía ya estas instituciones, ese ambiente, y concretamente con esta orden siempre he tenido una vinculación de cariño especial, siempre me ha atraído. Son cosas que se van dejando en el tintero pero, hace dos años, el deán de la Catedral, Francisco Juan Martínez, ingresó como caballero y me invitó a su investidura. La verdad es que me quedé sorprendido, nunca había asistido a un acto con tanta profundidad religiosa y tanta solemnidad, una liturgia celebrada a la perfección, algo impresionante desde el punto de vista de un católico. Ahí se incrementó mi interés por la orden. Un día se me ocurrió expresarle al deán mi deseo de ingresar en ella, y así empezó la tramitación del expediente. Me avalaron dos caballeros, Madrid me envió a otros dos para entrevistarme y, una vez superada, ese primer plácet llegó a Roma, a las manos del cardenal gran maestre. Posteriormente hice un curso de neófitos en el que aprendí la historia de la orden, sus principios y fundamentos espirituales y de funcionamiento... Después se me comunicó la aceptación y se fijó la ceremonia. Un ritual que se celebra en dos fases: un primer día de veladura de armas y un segundo en el que se produce el cruzamiento, en mi caso en la basílica madrileña de San Francisco el Grande.

—¿Qué requisitos debe cumplir quien desee convertirse en caballero del Santo Sepulcro?

—Entre otros, ser católico practicante, tener veinticinco años cumplidos y una vida intachable en aspectos morales, personales, sociales y espirituales, no tener antecendentes penales...

—¿Es un título hereditario, como ocurre con la nobleza?

—No es hereditario, es vitalicio. Quien quiera ser caballero tiene que realizar su propio proceso de ingreso. En cualquier caso, cometer alguna ilegalidad o atentar contra los compromisos que adquirimos supondría tener que dejar la institución.

—En la sociedad del siglo XXI, en la era de las nuevas tecnologías, ¿qué significado tiene ser caballero de una entidad del siglo XII?

—Significa un compromiso por robustecer la práctica de la vida cristiana entre sus miembros, con fidelidad al Papa, y teniendo como base los principios de caridad para el auxilio de los Santos Lugares. Además se trata de velar por la fe en aquellos lugares y sostener allí los derechos de la iglesia católica.

—¿Su compromiso con la orden es únicamente espiritual?

—No, también supone mantener las obras e instituciones que se tienen en Tierra Santa, de carácter caritativo y social, entre otros, particularmente las que dependen del patriarcado latino de Jerusalén. Se concreta en donativos, óbolos, organización de actividades para este fin, como rastrillos solidarios, cenas benéficas... Efectivamente, el compromiso también es de tipo material.

—¿Gozan ustedes de privilegios?

—El mayor privilegio es pertenecer a la orden. No obstante, implica también ser canónigo honorario de la colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud y conde palatino del sagrado palacio de San Juan de Letrán, entre otros. Pero ya digo, lo más importante es ser miembro de una institución que lleva casi nueve siglos de trabajo por la Iglesia.

—¿Jaén está representado en esta antiquísima institución?

—Jaén está muy bien representado; tanto, que el lugarteniente de España occidental, a la que pertenece la provincia, es de Úbeda, igual que el secretario canciller. Además hay un buen número de jiennenses caballeros y damas del Santo Sepulcro.

La caza, “a capa y espada”

La principal afición de Eduardo López es la caza, mayor y menor, un “hobby” que le inoculó su abuelo y que le gusta practicar desde su juventud. Como buen caballero, defiende “a capa y espada” la práctica cinegética: “Mantenemos a raya enfermedades tan peligrosas y contagiosas como la tuberculosis del jabalí”, afirma, y añade: “Además, somos a quienes más les interesa tener el campo en condiciones óptimas, hacemos cortafuegos que impiden que los incendios se propaguen, entre otras muchas cosas”.