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sábado, 18 mayo 2019
22:08
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URGENTE

Sandy, la sonrisa dominicana inagotable

  • LOS AMIGOS DEL “REDES”: Sandy, en el centro con camiseta roja un mediodía cualquiera compartiendo una buena y amistosa charla, más cerveza y tapas. 1. José. 2. Darío. 4. Manolo. 5. Juan. 7. Sandy Valenzuela Tejeda. 8. Antonio. 10. Antonia. 11. Enrique
    LOS AMIGOS DEL “REDES”: Sandy, en el centro con camiseta roja un mediodía cualquiera compartiendo una buena y amistosa charla, más cerveza y tapas. 1. José. 2. Darío. 4. Manolo. 5. Juan. 7. Sandy Valenzuela Tejeda. 8. Antonio. 10. Antonia. 11. Enrique

No deja de sonreír ni un solo segundo, se llama Sandy Valenzuela Tejeda, tiene 37 años y vive en Jaén desde hace 12. Repartidor de hielo de día y disyóquei de noche, por su forma de ser se ha ganado la simpatía de la ciudad de Jaén, seguro porque Sandy es la sonrisa dominicana inagotable; allá por donde esté siempre siembra buenaventura. Él bromea incluso sobre la gente que lo conoce: “Tengo muchos amigos en Jaén, pero muchos. Hasta me puedo ‘tirar’ de alcalde y seguro que gano de calle”. Acaba su frase con una carcajada, como con todas, pero la exageración acoge un considerando general, cuando uno camina a su lado por la capital jiennense, es raro que no lo paren cada 100 metros. Sea por su trabajo en la empresa torrecampeña “Samoyedo”, líder en el sector del hielo y con clientela en media provincia, fuese por su condición de disyóquei y haber pinchado en innumerables salas y fiestas o en el pub donde es residente, el Umamy, en la calle Enrique Ponce de Jaén, el caso es que no pasa desapercibido. El serial de la web de Diario JAÉN que a principios de año puso en marcha el director, Juan Espejo, se adentra en la vida de este dominicano nacionalizado español que vino a la llamada de su madre y que ha hecho de Jaén su morada permanente. Habla en el vídeo de los encantos de esta ciudad, de cómo son los jiennenses (“personas que viven su vida en armonía, que es lo importante”) y a qué dichos se acoge cuando le llegan las horas bajas (“Dios le da las peores batallas a los mejores guerreros”). Eso sí, todo, con una sonrisa permanente en su rostro.