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martes, 21 mayo 2019
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URGENTE
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Quizá haya advertido usted que los candidatos municipales en esta bacanal electoral han desaparecido de las vallas. Se han caído del cartel. Una mañana se levantó, con el café en la mano, y cuando iba a hacer el saludo al sol se encontró con que no estaban. Se acabó lo de que te den los buenos días con el esbozo de una sonrisa. Alguien los había borrado del mapa o, más concretamente, tapado. Esfumados del paisaje, como si hubieran sido abducidos más allá de Orión. Ya solo queda el mensaje. Una buena metáfora. Estaría bien que la Junta Electoral mantuviera esta línea en toda España y eliminara así todo ese ruido sabiniano, las mentiras tuiteras, los calentones de taberna y, en definitiva, las salidas de madre de la parroquia política en estos días de pasión y calvario que nos quedan por sufrir estoicamente. Con Javier Márquez y Julio Millán, caídos del trono de la valla, se prodigan, como manda la tradición del combate, cuerpo a cuerpo, en todos los actos terrenales para trasladar su evangelio a estos votantes incrédulos y descarriados que no saben a quién encomendarán su voto. Benditos los que dudan porque de ellos será el reino de la incertidumbre. Pensará José Félix Tezanos, el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que así no hay quién cuadre una encuesta y que, al fin y al cabo, todo es cuestión de fe. De ahí que, como si fuera un político más, se desdiga al día siguiente, con arte y oficio, de los resultados hechos públicos la jornada precedente. Con o sin peineta. Son días de matizar.

El cortejo a Ciudadanos en la capital se antoja largo, maniobras de escapismo para, de forma zalamera, llegar a un pacto bendecido por un Juan Marín, quien fue recibido con una enorme ola tanto en el Ayuntamiento de Márquez como en la Diputación de Reyes. Y es que quizá a alguno de los candidatos tengan que cantarle a María Cantos: “Creo que tiemblas como un flan, prometiste iniciar conmigo el viaje, no me plantes”.

Desde dentro del PP, hay quien, “sottovoce” y sin necesidad de mirar los posos del café, sostiene que Cantos no dará su apoyo a un PP que ha estado en su diana política desde el flanco vecinal y, además, y aquí viene la carga de profundidad, con un candidato que mira a la meca del Senado, por si las moscas.

La marea de la izquierda en Jaén, más allá de la ola del PSOE, es un verdadero galimatías de nomenclatura a la vieja usanza, solo apto para los iniciados y con biodramina para el resto. Una batalla por buscar el acrónimo perfecto que una todas las siglas y, más difícil, los sentires más allá de la península socialista. Adelante Jaén (Podemos+Izquierda Unida) irá por un lado y, del otro, Jaén Sentido Común. No hay torrente para la confluencia. Discusiones bizantinas entre un modelo con marca nacional y otro que entiende que Jaén tiene que tener voz propia sin filtros de sucursal. Así que el coordinador local de Podemos, Lucas Martínez, en modo pastor, no ha podido obrar el milagro de reunir a todo el rebaño en el mismo corral. Tarea hercúlea, sin duda, la suya. ¿Otra vez será?

En Vox, por su parte, solo hay espacio para los primeros espadas, así que la campaña es de baja intensidad. De cañas. Mientras Abascal busca las esencias patrias en Covadonga —porque la reconquista requiere de grandes e históricos escenarios— Salud Anguita prefiere aprovecharse del caudal nacional del partido antes de ponerse delante de unos focos y, lo que es más duro, ante sus contradicciones políticas y la memoria reciente de su electorado apátrida. Nadar y guardar la ropa.

Ante el calibre que toma la trifulca electoral, la cofradía del Cristo de la Buena Muerte de Málaga, pide a los políticos —que estuvieran prestos a sacarse la foto— que quienes quieran entonar “El novio de la muerte” lo hagan desde casa y así evitar que la caravana electoral se confunda con la procesión. Porque aunque todos tengan mucha fe, conviene no mezclar churras con merinas. Al césar lo que es del césar y a Dios...