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domingo, 09 diciembre 2018
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URGENTE

Justicia para “Luisja” Benavides

Detenido en Brasil uno de los pistoleros que mató al letrado jiennense en Atocha
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El 24 de enero de 1977, nueve personas eran ametralladas en el segundo piso del número 55 de la madrileña calle Atocha, en un despacho de abogados laboralistas impulsado por Comisiones Obreras y vinculado al todavía ilegal Partido Comunista. Cinco de ellas murieron en un crimen brutal que marcó la Transición. Sin duda, la matanza se convirtió en uno de los símbolos de la débil Democracia española. Una de las víctimas era Luis Javier Benavides Orgaz, “Luisja” para sus paisanos de Villacarrillo, la ciudad en la que había nacido en 1950. Casi 42 años después del asesinato de este joven abogado laboralista, la Policía ha detenido a uno de sus pistoleros, que huyó de la Justicia hace un cuarto de siglo aprovechándose de un permiso penitenciario. Carlos García Juliá se encontraba escondido en Brasil, donde se hacía llamar Génaro Antonio Materán y donde trabajaba como conductor de Uber.

García Juliá perpetró la masacre de Atocha junto a una milicia fascista. Fue condenado a 193 años de cárcel como uno de los ejecutores, como uno de los pistoleros que apretó el gatillo. El primero en caer abatido fue “Luisja”, que abrió la puerta del despacho de abogados de la calle Atocha.

La detención de su asesino pone fin a una fuga casi de película. Tras ser detenido y encarcelado, pudo dar el salto a América latina gracias a un error judicial. García Juliá salió en libertad condicional en 1991. Tres años después, logró una autorización del juzgado para irse al extranjero, en concreto a Paraguay, para trabajar en una naviera. Una vez allí, no cumplió su parte del trato. En diciembre de 1994, se saltó un requerimiento formal y se le declaró desaparecido. Solo había cumplido 14 de los 193 años de cárcel a los que fue condenado. En Bolivia, volvió a ser encarcelado, esta vez por un delito de narcotráfico, pero se fugó antes de que la Audiencia Nacional pudiera solicitar la extradición. Pasó años viajando de un país a otro, con identidades falsas. Estuvo en Chile, Argentina, Venezuela y Brasil, donde entró en 2001. Con su arresto se hace justicia con “Luisja” Benavides.

Sus paisanos de Villacarrillo le dedicaron un monolito en un parque del pueblo para honrar la memoria de un abogado que luchó por los más desfavorecidos de los barrios marginales de Madrid. Uno de sus amigos, Juan Cruz, compartió con él en Madrid los años más difíciles y revueltos tras la muerte de Franco: “Era una persona simpática, muy llana y responsable. Su conversación era excelente. Estaba muy bien preparado y podía hablar de cualquier tema”, comentó este catedrático de Filosofía en un reportaje publicado por Diario JAÉN en 2002. La noche de los asesinatos se había citado con Luis Javier, aunque no pudo acudir a tiempo. Ese retraso le salvó la vida.

En esa misma información, José Ignacio Benavides, uno de los hermanos de “Luisja”, también recordó la infancia de ambos en Villacarrillo: “Éramos muchachos que empezábamos a vivir. Pasábamos las vacaciones en el pueblo. Allí tuvimos nuestros primeros ligues e hicimos muchas amistades. A mi hermano le gustaba ir al bar “El Pegote”, con su Citröen amarillo, o al cine de la plaza de toros o al casino”. El próximo 24 de enero se cumplirán 42 años de su asesinato, un crimen que marcó para siempre la Transición española.