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miércoles, 19 septiembre 2018
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URGENTE

Futuros maestros “bajo las bombas”

Alumnos de Educación Primaria reciben una clase vivencial en el Refugio Antiaéreo
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  • EN PRIMERA PERSONA. Alumnos colocados, como se hacía durante un bombardeo, en una de las galerías del Refugio Antiaéreo de la Plaza de Santiago.
    EN PRIMERA PERSONA. Alumnos colocados, como se hacía durante un bombardeo, en una de las galerías del Refugio Antiaéreo de la Plaza de Santiago.

Son jóvenes, sin problemas irresolubles, alumnos de segundo de Educación Primaria de la UJA, cualquier conflicto bélico les coge lejos. Por eso, quizás, muchos de ellos, al entrar al Refugio Antiaéreo de la Plaza de Santiago, lo hicieron riendo, entre bromas. El lúgubre Lugar de Memoria Histórica, un ejemplo, muy bien conservado de la arquitectura defensiva típica de la Guerra Civil, impone. Tiene la luz justa y está plagado de fotografías en las que se explica su razón de ser. La más espectacular, la tomada desde el aire para dejar constancia del brutal bombardeo que, el 1 de abril de 1937, ordenó el general sublevado Queipo de Llano, y que dejó 157 muertos y 280 heridos en la capital. “Por eso llaman a Jaén la Guernica andaluza”, explicó el profesor Santiago Jaén Milla, del Área de Didáctica de las Ciencias Sociales. Ya ningún estudiante estaba para muchas bromas.

La experiencia educativa, una lección vivencial, buscaba analizar el hecho histórico en sí, en uno de sus escenarios; contribuir a la formación de personas comprometidas con la paz; ofrecer herramientas a los futuros maestros para cuando comiencen a dar clases y, algo muy importante, concienciarlos sobre la necesidad de preservar el patrimonio. Algo clave para estos jóvenes, muchos ellos de la ciudad y de municipios de la provincia, que, en primera persona vieron como este monumento está rodeado de pinturas e, incluso, con basura en su misma puerta. La actividad era voluntaria y acudieron unos sesenta alumnos. “Si organizas una conferencia, lo normal, es que acudan diez, por lo que es todo un éxito”, reflexionó el profesor universitario que hizo todo lo que estuvo en su mano para que sus pupilos se metieran en la piel de los hombres y mujeres que, hace ochenta años, tuvieron que hacer uso de estas “tristes” instalaciones municipales. “Les pedían que no hablaran, para ahorrar oxígeno. Imaginadlo por un momento”, les planteó. Cuando había un ataque, por motivos de espacio, los ciudadanos tenían que situarse en filas de a dos, unos de pie y otros, a veces, sentados, en unas estrechas galerías que, apenas, tienen dos metros de ancho y otros tantos de largo. Los estudiantes se colocaron así y, con los ojos cerrados, escucharon sonidos reales de bombardeos. No era el de Jaén, pero sí de incursiones aéreas de este tipo durante la Segunda Guerra Mundial. Las historias de los abuelos, de los que muchos estuvieron en la Guerra Civil, comenzaron a tener más sentido para jóvenes como Noelia Rosas, con una familia que viene de Lopera, escenario de una de las batallas más cruentas de la contienda, o la marteña Alicia Carrascosa. A otras, como Isabel, esta experiencia educativa, en primera persona, le permitió comprender mejor un hecho que, aunque conocido, no se aborda demasiado. “No se habla mucho en las casas de lo que ocurrió”, dijo una de ellas.