Actualizado
martes, 20 noviembre 2018
19:47
h
URGENTE

Diciendo adiós al campo por la ciudad

Residentes de los suelos urbanos no consolidados ya trabajan en el proceso de legalización de sus viviendas
  • URBANISMO. Un panel indicativo anuncia la proximidad de La Manseguilla, calificada como suelo urbano no consolidado en el nuevo PGOU.
    URBANISMO. Un panel indicativo anuncia la proximidad de La Manseguilla, calificada como suelo urbano no consolidado en el nuevo PGOU.

La entrada en vigor del nuevo Plan General de Ordenación Urbana representa un “salto cualitativo” para cientos de familias jiennenses. Sobre todo, para aquellas que disponen de viviendas, hasta ahora, ilegales en alguno de los asentamientos diseminados que salpican la periferia de la capital. Aunque Los Puentes son “otro mundo”, barrios como Tentesón I y II, La Manseguilla, Los Bermejales y Cerro Molina han dejado de ser “campo” para tornarse “suelos urbanos no consolidados”. Y, mirándose en el espejo de Valdeastillas, sujetos a un proceso de desarrollo urbanístico obligado, ya hay varios barrios que han empezado a moverse para alcanzar una legalización que —no se les escapa— será ardua, costosa y para nada inmediata. Cerro Molina es un ejemplo. “Aprendiendo de los errores de Valdeastillas” —apunta el vocal de la asociación de vecinos, Antonio Cuenca—, los propietarios han contratado a un equipo de arquitectos que se encargará de realizar los proyectos de “cada casa y parcela” para, después, presentarlos en la Gerencia de Urbanismo. De esta forma, conseguirían el levantamiento de la suspensión que afecta a su sector.

“Queremos tenerlo todo medido para verano y, entonces, presentaremos la documentación”, indica Cuenca, que, “con mucho optimismo”, estima que el proceso de legalización puede prolongarse “dos o tres años”. ¿Cuánto costará? A falta de datos precisos, “calcula” que ascenderá a unos “10.000-12.000 euros por casa”. “Ojalá sea menos, pero no creo que baje de los 6.000 o los 7.000 euros”.

Más allá de una clasificación nominal, dejar atrás el campo conlleva exigencias y hacen que el proceso sea de todo menos sencillo. En Cerro Molina, “permanentemente”, vive un centenar de vecinos que, cuando llega el verano, se duplica. Aunque sus propietarios llevan “muchos años” pagando la contribución, como si la zona fuera residencial, en la actualidad, la urbanización no está desarrollada “ni al 50%”. “Quizá, a un 30-40%”. Y es el paso que deberán dar a continuación con el fin de mejorar la red de saneamiento y el alumbrado público. “Nos queda un mundo”, advierte Cuenca. “Tenemos que modificar muchas cosas —y enumera—: habilitar calles para hacer los desagües de otra forma; meter tuberías de agua y de luz, tenemos en proyecto hacer una depuradora... Pero, antes de nada, queremos que la Junta y el Ayuntamiento nos digan cómo”. El objetivo es evitar errores. “Estamos intentando ser muy lógicos. Ya cuesta sacar dinero a los vecinos como para equivocarnos y tener que deshacer”, comenta Cuenca que, no obstante, destaca: “Nuestra zona residencial es prácticamente la única que cumple ciertas normativas, como, por ejemplo, calles anchas, en las que caben dos coches y casi no tenemos pozos ciegos”.

No todos los barrios van al ritmo de Cerro Molina. En La Manseguilla, sus vecinos aún no se han constituido en junta de compensación. Este órgano será entidad urbanística de conservación y —explica el tesorero de la asociación vecinal de la zona, Fernando Sánchez—: “Debemos estar un año”. Este distrito cuenta con dos fases. La primera está “prácticamente acabada”, con sus redes de agua, luz y acerados. “Solo le falta una calle”, apostilla Sánchez. En la segunda fase ni se han iniciado las calles. El proceso aparenta ser más complejo y largo todavía. Para salvarlo, la recomendación del alcalde, Javier Márquez, fue recientemente: “Altura de miras”.

Un espejo en el que mirarse

Después de dos décadas y 1,5 millones invertidos, los habitantes de Valdeastillas ven el final del proceso de legalización de sus viviendas. En más de una ocasión, les tocó “desandar el camino”. Sin embargo, alcanzado su fin, el alcalde considera Valdeastillas como un “paradigma” de legalización “por la puerta grande”. Un “ejemplo para otras zonas de Jaén”, que, en su opinión: “Se van a librar de dar tantos palos de ciego”.

A la espera del mapa de riesgos

Como suelos no urbanizables que son, las viviendas de Los Puentes solo pueden aspirar a un proceso de regularización y, en su tramitación, el alcalde comentó, recientemente, que es necesaria la aprobación definitiva del mapa de riesgos y peligrosidad elaborado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). El motivo es que la “inmensa mayoría” de las viviendas está en “suelos inundables”.