
El tradicional arrojo de la cofradía del barrio de La Magdalena se impuso y posibilitó fotografías para un cartel de Semana Santa a la salida del antiquísimo templo. Pero las previsiones, positivas en principio, fallaron y la procesión se vio obligada a regresar en cuestión de minutos. No falló el barrio, que se dio cita en su plaza, ni la música, que acompañó la levantada de los pasos hasta el estremecimiento en forma de canción, saeta o romanza.




















