Está aquí: Semana SantaJuan Francisco Abán
La procesión del Santo Sepulcro estuvo a la altura de su carácter “oficial” y salió, sencilla y hermosa, a enseñarle a Jaén cómo “resucita”, paso a paso, de su particular casi muerte. El colectivo servita se volcó y procuró una cita cofrade inolvidable.
Jesús dejó, por unas horas, su túmulo de San Ildefonso para enlutar Jaén y recibir sepultura en sus calles. La capital no faltó a la cita y acompañó a Cristo en su entierro. Lloró con la Virgen de la Soledad y, como las puertas de la basílica menor, cerró su Pasión a la espera de la noticia más importante de la historia.
Todos los ojos miraron ayer las terribles ataduras del Señor del Perdón, que destilaron libertad a manos llenas. La salida de su procesión fue tan histórica como el acto de liberación que, tras cuarenta años sin celebrarse, regresó a la Pasión jiennense.
Un violín en el altar de la Catedral de Baeza recordó, ayer, el fallecimiento del concertino del Miserere durante 40 años, José Gámez. El recital, que se celebró en su memoria, reunió a casi mil quinientas personas en las naves del templo que se llenó un cuarto de hora antes del comienzo.
Ni el racheo de los costaleros. Todo fue silencio —un hermoso silencio— porque la hermandad del Señor de la Humildad lo compartió sin reservas con la capital, que respondió en masa a la singularísima propuesta cofrade de este cortejo, penitencial por excelencia.
A la cofradía “magdalenera” le ha sentado muy bien la entrada de nuevos aires. Así lo reflejó su multitudinaria procesión, en la que barrio y hermandad fueron, otra vez, un mismo estandarte. El obispo de Jaén, monseñor Del Hoyo, certificó la extraordinaria recuperación del colectivo blanquirrojo con su presencia en el cortejo.

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