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La procesión de la libertad renueva el compromiso con su historia

Todos los ojos miraron ayer las terribles ataduras del Señor del Perdón,...


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El barrio "magdalenero" derrocha solera cofrade en su procesión

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Las calles se apagan para alumbrar al Señor Crucificado

Ni el racheo de los costaleros. Todo fue silencio —un hermoso silencio—...


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Los Estudiantes regresan a las calles con una comitiva ejemplar

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Triunfo y puerta grande para la procesión “de los toreros”

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¡Así se entra en Jerusalén!

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Los jiennenses claman piedad para el Rey de La Alcantarilla

Jaén clamó piedad para el Señor de la Alcantarilla. Acompañó a la...


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Las cornetas encumbran el trono de la eucaristía tras una gran salida

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San Ildefonso abraza a Jesús orante

El paso de misterio, ampliado para ser sacado a costal, y el...


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El Lunes Santo de redime

  El Lunes Santo lanza un suspiro de alivio cuando sus dos procesiones...


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Está aquí: Semana Santa
Todos los ojos miraron ayer las terribles ataduras del Señor del Perdón, que destilaron libertad a manos llenas. La salida de su procesión fue tan histórica como el acto de liberación que, tras cuarenta años sin celebrarse, regresó a la Pasión jiennense.
Un violín en el altar de la Catedral de Baeza recordó, ayer, el fallecimiento del concertino del Miserere durante 40 años, José Gámez. El recital, que se celebró en su memoria, reunió a casi mil quinientas personas en las naves del templo que se llenó un cuarto de hora antes del comienzo.
Ni el racheo de los costaleros. Todo fue silencio —un hermoso silencio— porque la hermandad del Señor de la Humildad lo compartió sin reservas con la capital, que respondió en masa a la singularísima propuesta cofrade de este cortejo, penitencial por excelencia.
A la cofradía “magdalenera” le ha sentado muy bien la entrada de nuevos aires. Así lo reflejó su multitudinaria procesión, en la que barrio y hermandad fueron, otra vez, un mismo estandarte. El obispo de Jaén, monseñor Del Hoyo, certificó la extraordinaria recuperación del colectivo blanquirrojo con su presencia en el cortejo.
El Señor de la Pasión y la Virgen de la Amargura salieron a su plaza vestidos de luz y, como a los buenos toreros —a quienes la Señora protege—, no se les notaron los dos años de “parón” acumulados. Muy al contrario, el “entrenamiento de salón” dio frutos y les valió el triunfo y la puerta grande.
La cofradía de La Merced se sacudió la frustración de dos años sin, prácticamente, salir a la calle y reapareció en la capital con una procesión ejemplar, plena de nazarenos y con el sello de seriedad que caracteriza a su comitiva. La elegancia de su sencillez —franciscana sencillez— hermoseó el Lunes Santo. La hermandad convocó en la plaza a los figurantes de siempre: el vecindario, que abarrotó el aire libre hasta llenar su aforo;los cantaores, que estremecieron la tarde con…

Pasión entre olivos

Pasión entre Olivos

Se habla de semana santa