La avalancha de inmigrantes pone a prueba a la provincia. La capital sufre la peor parte de una llegada masiva, que se prolonga por la falta de trabajo en los tajos. En los primeros días de noviembre empezó a detectarse en la provincia la llegada de inmigrantes con motivo de la campaña de recolección de la aceituna. En unos días, la situación comenzó a representar una auténtica emergencia social y se activaron todas las alarmas.
El Albergue Municipal de Jaén adelantó su apertura y en otros puntos, como Úbeda o Villacarrillo, además de estos recursos, los ayuntamientos optaron por abrir otros espacios, como recintos deportivos, para que estas personas no durmieran al raso. El equipo de Gobierno de Jaén decidió reforzar la oferta con las instalaciones del antiguo albergue, en el convento de Santa Clara, pero, aun así, había gente que se quedaba en la calle. Fue entonces cuando la respuesta de la sociedad jiennense se volvió más contundente. “Patrullas” de diferentes asociaciones y también de grupos de amigos o vecinos se prepararon para recorrer, cada noche, la capital para atender a aquellos que se disponían a pasar la noche al raso. Café, sopa, bocadillos y también, mantas, guantes, ropa de abrigo.