La crisis económica, en 2009, dejó de ser un fenómeno de importancia en las noticias de la televisión en forma de quiebra de grandes bancos y recortes en la liquidez de las grandes empresas europeas. El agua corrió río abajo y golpeó todo lo que encontró por el camino hasta llegar a las familias. Dio donde más duele, ya que se manifestó como se esperaba, que era en forma de cientos de despidos y problemas para llegar a final de mes.
El desempleo recorta el nivel de vida y las opciones de hallar un puesto laboral son mínimas ante un aluvión de Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) en las empresas. La negociación colectiva se para. Conseguir una subida salarial se convierte en una utopía y los trabajadores aprenden que tienen que pasar más veces “por el aro” para evitar un despido o que quiebre la empresa que les da de comer. Ni siquiera servía el recurso de antaño de coger las maletas y emigrar a otro lugar, ya que todo el país e, incluso, Europa están igual de mal. En Jaén, había dos opciones: el campo, quizás, sea el sector que menos sufrió la caída del empleo, por lo que daba contratos en determinadas campañas. La otra era artificial, aunque útil. Los 97 municipios de la provincia recibieron fondos del Plan E para acometer proyectos, por lo que hicieron cientos de contratos. El programa Memta también buscó dar algunas salidas. Si no hay trabajo, caen los ingresos en las familias. Por ello, se deja de pensar en renovar los muebles, comprar un vehículo, hacer unas reformas, salir a menudo a comer o viajar, entre otras actividades. Consecuentemente, se produce una bajada del consumo que afecta a las empresas de servicios principalmente. Por ello, a su vez, reducen personal o, directamente, se ven abocadas a “echar el cierre”. Sin duda, uno de los peores años para la economía.