Por Nuria López Priego
Fue previsible, milimetrado, encorsetado y limitado democráticamente, pero, pese a que ha pasado ya un día y medio, el cara a cara electoral que escenificaron Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy en televisión sigue acodándose aún en las barras de bar. Entre tostadas y cafés que duran un suspiro, el vociferío que erige al candidato del PP en presidente del Gobierno sin necesidad de elecciones se alterna con los contados rumores que loan la agresividad verbal de un político que quiere morir de pie en el camino a la Perdición.
Como ocurre después de un Barça-Madrid, la controversia es natural. Pero, extrapolado a la cartelera de cine o a la programación televisiva, cuando no hay nada original bajo el sol, lo preferible es tirar de fondo de armario y apostar por lo seguro, como hace esta Reserva. Sin, por supuesto, menospreciar el genio de Steven Spielberg ni desmerecer su arriesgado Tintín, este espacio descubre, en otra jornada de fluctuaciones bursátiles, al “profeta” de Jacques Audiard.
Una película francesa del año 2009 que sorprendió a público y a crítica hasta el punto de alzarse con el Gran Premio del Jurado en el prestigioso Festival de Cine de Cannes. La cinta gira alrededor del talento neurótico y hasta místico de Malik El Djebena, un joven árabe que entra en el trullo sin saber nada de la vida y que dejará la inocencia entre las cuatro paredes de una celda y en el encargo de un asesinato. Ese es el primer punto de giro de una trama inquietante, sórdida e inteligente en la que Malik (Tahar Rahim) aprenderá a sobrevivir entre dos aguas: una en la que nada “protegido” por una racista banda de corsos y otra en la que tiene que lidiar con su propia raza, sus orígenes y su cultura. Droga y corrupción dentro y fuera de la trena es lo que ofrece Un profeta. Una película admirablemente hilada por el director de De latir, mi corazón se ha parado, en la que el cordero se convierte en lobo en París, en un mafioso que recuerda a Robert de Niro en la segunda parte de El Padrino y a Al Pacino, al final de la primera. En resumen, una genialidad firmada por Audiard.
Director: Jacques Audiard
Protagonistas: Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif
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