Silvia Ruiz Díaz /Jaén
La innovación, junto con el desarrollo y la investigación, se ha convertido, en los últimos meses, en el “antídoto” contra la crisis. Le acompaña el empresario emprendedor, aquel que quiere abrirse en el mercado pero no sabe ni dónde ni cuándo.
Tampoco tiene recursos suficientes para montar o alquilar una oficina y, mucho menos, para construir un edificio donde dejar sus productos, en caso de que los tenga. El joven empresario que va a lanzarse al mundo de los negocios sabe que se encuentra ante una situación económica complicada y que sólo se lanzan a la aventura los más “valientes”. Y, precisamente, entre los arriesgados y los emprendedores se encuentran los que, actualmente, ocupan las oficinas del Vivero de Empresas de la Cámara de Comercio de Jaén.
Uno de los “afortunados” es Javier Sandoval Higueras, trabajador de Enala. En esta “incubadora” realiza los servicios y aplicaciones informáticas desde agosto de 2008. “Somos desarrolladores y necesitábamos un lugar donde hacer realidad nuestros proyectos”, explica Sandoval. De este modo, solicitaron el acceso al Vivero, explicaron a qué sector dedicaban su actividad, contaron cuál era su proyecto y le dieron un nombre. Finalmente, la Cámara les facilitó un techo. “Ahora aportamos nuestras ideas, hacemos los proyectos y los enviamos por correo electrónico a Madrid, donde se encuentra la sede de la compañía”, asegura. Junto con el joven, trabajan otras dos personas más.
Por su parte, a Argescon Sur, la empresa de Iván Cruz Órpez, José Luis Jiménez Fernández y Miguel de la Torre Beltrán, le queda poco tiempo en el edificio. Después de dos años, se les acaba el plazo y, sin embargo, gracias a un escrito pueden continuar en el local hasta “nuevo aviso”. Es decir, si otro joven emprendedor llega en busca de “auxilio”, no tendrá más remedio que abandonar el Vivero.
No sólo los propietarios de alguna empresa tienen el privilegio de acomodarse en las instalaciones del recinto. Numerosos programas de formación de áreas tan dispares como los Recursos Humanos, Contabilidad, Informática, Idiomas, Comercial o Laboral también se imparten en el centro. Allí entran tanto los ocupados como los desempleados. El Vivero, ante todo, nació con la vocación de ser un “estímulo de las iniciativas empresariales, entendidas como elementos generadores de riqueza y empleo, que contribuyen al bienestar y la mejora del entorno socio-económico de nuestra demarcación”. Así, al menos, se muestra en las bases de acceso, creadas en el año 2005. Especialistas de todo tipo y de cualquier sector también acudieron al edificio para ofrecer conferencias o impartir sus programas formativos.
OFICINAS. A los empresarios que opten por una plaza en el Vivero de Empresas sólo les queda emprender. Pero, ¿qué podrán encontrarse allí? Simplemente, todo lo necesario para poder comenzar la actividad de su negocio. Esto es, tomas de conexión eléctrica, de teléfono y el típico mobiliario de oficina. Para desarrollar sus capacidades, la “incubadora” dispone de salas de reuniones, salón de actos y aulas de informática. Y, ¿qué hacer para acceder al Vivero? Ante todo, el requisito fundamental es ser un emprendedor. Esto es, no temer a la crisis y pensar que, en malos tiempos para la economía, se puede invertir. Pero, para entrar, habrá que cumplimentar la solicitud y explicar cuál es la idea empresarial que tienen. La llamada “Comisión Técnica del Vivero” será la que, finalmente, realice la valoración. De este modo, se comprobará si el proyecto es, o no, innovador. “A nosotros nos dieron el visto bueno y, desde entonces, disfrutamos de las instalaciones”, indica el responsable de Enala en Jaén. Aunque, eso sí, también se tendrán en cuenta cuáles son los medios financieros y los materiales con los que cuentan estos “valientes” y si han tenido experiencia previa y formación, además del nivel de creación de empleo y la viabilidad de la iniciativa. Asimismo, siempre “primarán” los emprendedores que pertenezcan a un colectivo “con especial dificultad de inserción en el mercado laboral”. Según detalla la Cámara de Comercio, las personas que cuentan con más complicaciones a la hora de crear una firma, suelen ser, sobre todo, los jóvenes menores de treinta años —con menos experiencia y menos recursos—, las mujeres, los mayores de 45 años —que se ven con dificultades para encontrar un puesto laboral— y los desempleados de larga duración.
Como dejó ver Sandoval, uno de los beneficiarios del Vivero, “las ayudas están ahí para cogerlas”. El consumo eléctrico, los gastos de limpieza y de mantenimiento, también se apuntarán en la cuenta de la Cámara de Comercio.
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