
El que fuera el chico malo del extrarradio parisiense en la visionaria película de Mathieu Kassovitz, La Haine, se cuelga el sayo y, en cien minutos eternos, pasa de ángel a diablo para arrancar, a veces, la risa, cuando no lágrimas de vergüenza, en El monje, la cinta con la que Dominik Moll lleva a la gran pantalla la novela homónima que Matthew Gregory Lewis escribió en 1796.




























