
Quien firma esta Reserva es de la opinión de que la calidad de una obra, como la de una persona o un amor, es una cualidad que se aprecia no solo a posteriori —de hecho, sería síntoma de estupidez—, sino en su transcurso, y es tan subjetiva, pero, al mismo tiempo, tan evidente y excepcional que, durante su experiencia, no cabe espacio para la duda.



























