Juan Rafael Hinojosa / Jaén
La Asociación de Daño Cerebral Adquirido (Adacea), con un especial protagonismo de la familia Jándula Molina, promovió, ayer, una jornada de convivencia en Espeluy. Alrededor de cien personas, entre componentes del colectivo y autoridades, disfrutaron de diversas visitas en el municipio.
La familia Jándula Molina y el alcalde espeluseño, Pedro Bruno, fueron cicerones de excepción en las actividades celebradas ayer, que sirvieron para estrechar los lazos en el seno del colectivo. Antonio Muñoz, presidente de la Adacea, se mostraba muy contento con el resultado del encuentro y el buen ambiente.
La propuesta comenzó en torno a las diez de la mañana con la salida de un tren desde la estación de Jaén, que trasladó a cuarenta y cinco de los participantes hasta tierras de Espeluy —el resto de los sesenta y tres socios llegó en otros vehículos—. La primera escala fue una dehesa conocida como Finca Santa Ana. Luego el grupo conoció el castillo espeluseño, propiedad de los hermanos Valenzuela, y la yeguada que existe en el entorno. Posteriormente se recorrió la almazara Las Almenas y, más tarde, el Patrimonio Comunal Olivarero. En este último espacio, el director, Romualdo León, fue el anfitrión. Tras un paseo, hubo un almuerzo en el Café Bar Nuevo. La comida precedió al retorno de los asistentes. Los Jándula Molina se volcaron en la cita, hasta el punto de que ellos costearon el precio de los cubiertos. Por su parte, el colectivo Adacea pagó el trayecto. La jornada fue muy satisfactoria para todos los presentes, especialmente para las personas con daño cerebral, que disfrutaron del contacto con la naturaleza y con la buena gente.
Los integrantes de la expedición se mostraron muy agradecidos por el calor humano recibido de los vecinos y de su máximo responsable municipal, Pedro Bruno, que estuvo, en todo momento, atento y solícito con la delegación. Juan Manuel Jándula, que es padre de una joven afectada por daño cerebral, indicó: “Todo ha ido de maravilla. Se marchan muy contentos. Había personas que no conocían el pueblo y, además, llegar en el ferrocarril fue un aliciente especial”. Él y sus familiares agradecen el apoyo recibido en los últimos cuatro años de la Adacea, colectivo del que es socio.
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