Silvia Ruiz Díaz / Jaén
Los restos de José Venzalá y Bernabé Ruiz, dos jiennenses enterrados hace más de setenta años en una fosa en Burgos, se encuentran ya con sus descendientes. La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en la Prisión de Valdenoceda hizo posible la identificación genética.
La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en la Prisión de Valdenoceda organizó esta cita en el Ateneo de Madrid. Allí se encontraba la nieta de Bernabé Ruiz, Ana Ruiz, que reside actualmente en Alcalá la Real. Apenas pudo articular palabra. Acompañada de más familiares, dio las gracias al colectivo y, con lágrimas en los ojos, se agarró a la caja que contenía los restos de su abuelo. “Fue un acto muy emotivo, especial, en el que hubo muchos recuerdos a los que fallecieron en una de las prisiones de castigo más duras de la época de posguerra”, apuntó Manuel Sampere, uno de los miembros del colectivo. Los restos de José Venzalá, en cambio, se enviaron directamente a Lérida, donde reside su hija. Debido a su edad, no pudo desplazarse hasta Madrid. Los descendientes fueron conscientes de que, como apuntó la agrupación, en su estancia en la cárcel apenas comían, y el hambre, el frío invernal y los insectos causaban su fallecimiento. Cuando fueron trasladados a la institución penitenciaria, en vagones de ganado, pasaron días sin comida y sin agua. A estas calamidades se unieron los castigos físicos.
Los que sobrevivieron contaron, años después, aquella experiencia. Las más de ciento cincuenta personas que fallecieron en aquel lugar fueron enterradas por sus propios compañeros.
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