Irene Bueno/Jaén
La cercanía del 3 de febrero genera una singular peregrinación hacia el barrio de La Magdalena. En el patio, de planta árabe, los voluntarios se desviven para dispensar esas bolsas que euro a euro representan una importante ayuda para la humilde existencia de esta parroquia.
Los jiennenses son dados a padecer de garganta y las cuerdas vocales —el frío seco de la tierra genera gran cantidad de infecciones—, tiroides —es una de la provincia con más afectados por patologías de la glándula tiroides y, especialmente bocio por el bajo índice de yodo del agua— y ganglios aledaños. Por ello, San Blas, el patrón al que se le atribuyen favores para erradicar este tipo de males, cuenta con un gran predicamento entre los vecinos de los diferentes barrios.
Desde los últimos días de enero, son numerosas las panaderías de la capital que venden las clásicas rosquillas. Todas ellas cuentan con el valor añadido de que están bendecidas por un sacerdote. Sin embargo, los voluntarios que venden estos aros de pan en la parroquia de La Magdalena atribuyen a estas mayores beneficios ya que, según explican, además de estar consagradas por las oraciones que integran el rito, se depositan también bajo la protección de las reliquias de San Blas —los huesos de una falange— que se custodian desde antiguo en este templo.
Las bolsas contienen diez unidades y, desde que llegó la moneda única, el precio no ha variado y se venden a un euro. Los responsables de la economía de la parroquia se encargan de “estirar” el pequeño excedente que queda de esta venta después de abonar el precio del producto.
La festividad de San Blas culminará hoy con una misa mayor y la última jornada de la novena que se le dedica al santo varón, desde la semana pasada. Los párrocos de La Magdalena Agustín Rodríguez y José María Romero, serán los encargados de oficiar una eucaristía arraigada en las tradiciones más puramente jiennenses.
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