Antonio Heras /Jaén
Los preparativos para la procesión de El Abuelo son, este año, más especiales que nunca. Los pasos saldrán desde el Camarín por primera vez desde hace más de ciento setenta años, pero eso implica varias complicaciones; la principal, el reducido espacio dentro del templo de Jesús.
Cincuenta centímetros cuadrados. Ese es el espacio destinado para cada persona en el interior del Camarín para el gran día, el Viernes Santo, en el que el Nazareno saldrá desde su casa para realizar la procesión junto a las otras tres imágenes de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús. La junta de gobierno elaboró, incluso, un plano del templo, cuadriculado, en el que se hicieron exhaustivas mediciones para determinar cuál es la capacidad real del edificio. En un principio habrá cerca de doscientas personas en el interior de la iglesia de San José, entre promitentes, promesas de cruz, miembros del servicio de procesión y periodistas acreditados. Las miembros de las bandas de música que acompañarán a los pasos esperarán fuera, en el atrio carmelitano, excepto los de la Virgen, ya que, al salir la última, se incorporarán más tarde —no cabrían todos de otro modo—. ¿Y si llueve? “Por lo reducido del espacio para maniobrar, y ya que Jesús estará alejado de la puerta, porque sale en tercer lugar, no cabe la posibilidad de asomar el paso como se hacía en la Catedral”, dice Prudencio Villar, hermano mayor. “Se suspendería todo”, afirma.
En cualquier caso, todo está planificado, aunque, eso sí, sujeto a modificaciones. “Por ser la primera vez que salimos desde el Camarín, se ha hecho un gran trabajo previo”, informa Villar. “Todo es nuevo para nosotros este año”, reconoce. Pone como ejemplo el inicio del recorrido, en los Cantones de Jesús. Calles muy estrechas que harán imposible, en algunos tramos, que los guardias civiles flanqueen los pasos. “No sabemos cuánto podemos tardar allí si la gente se apelotona en esa zona”, comenta.
En otro orden de cosas, los cofrades de El Abuelo esperan como agua de mayo que, precisamente, el cielo deje de anunciar lluvia para que la empresa responsable pueda acometer las obras de reparación de las cubiertas del templo. “El Camarín no se merece tener goteras, ahora la gente que va a misa tiene que soportar que le caigan gotas”, lamenta el hermano mayor. “Debe ser, eso sí, una intervención integral”, concluye.
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