Más de una hora tardó la Reina de Sierra Morena en salir de la Catedral de Jaén desde que se abrieron las puertas del templo. En este tiempo, las nubes se abrieron para ella.
Fuera, miles de personas la recibieron coreando su canción, entre palmas, vivas y pétalos de rosa. Los anderos se desvivieron por sujetar el trono y acercar la Virgen a quien quisiera tocarla. En la procesión, hasta la calle Virgen de la Cabeza, en la que se descubrió una placa en su honor, La Morenita encontró rostros compungidos por las lágrimas y recibió miles de peticiones de los devotos. Los más fieles, la acompañaron hasta que abandonó la capital, en una carroza llena de flores de colores.
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