Silvia Ruiz Díaz / Jaén
Diaporama.-Miles de jiennenses vivieron, ayer, uno de los momentos más intensos de sus vidas. La Reina de Sierra Morena llegó desde Andújar hasta la Catedral entre lágrimas de alegría. La Virgen de la Cabeza estará con El Abuelo hasta el próximo domingo, cuando le impongan la Rosa de Oro.
Sobraban las palabras. Jaén vivió, ayer, uno de los momentos más importantes de su historia. La Virgen de la Cabeza fue trasladada desde Andújar hasta la capital con motivo del cincuentenario de su proclamación como patrona de la Diócesis de Jaén y, para los miles de devotos que se desplazaron hasta la capital, era motivo de sobra para celebrarlo. Entre palmas, gritos de alegría, lágrimas de emoción y al ritmo de “¡Viva la Reina de Sierra Morena!”, La Morenita llegó hasta un recinto ferial abarrotado de fieles. Uno de los momentos más intensos de la jornada se vivió cuando la imagen mariana subía, poco a poco, hasta las instalaciones. La cofradía matriz, las agrupaciones de Pasión y Gloria de la capital, representantes del Cuerpo de Policía Nacional y de la Guardia Civil, así como las autoridades eclesiásticas esperaban ver su rostro.
Una vez realizada su entrada, tras el disparo de los cohetes, un vendaval de voces y de aplausos le recordaban que era “la más grande” de la provincia. No sólo eso. En tan sólo una semana, el obispo, Ramón del Hoyo, le impondrá en la Santa Iglesia Catedral la Rosa de Oro y, entonces, se convertirá en la “Reina de España”. Será la única imagen del país que obtenga la distinción que concede el Vaticano.“¡Guapa, guapa, guapa!”, “Bonita, bonita, bonita, Morenita”, “¡Viva la Madre de Dios!”, “¡Vivan los costaleros!”. Fueron algunos de los cánticos que los jiennenses, llegados desde todos los puntos de la provincia, le dedicaron. Ayer, además, era un “día grandioso” para la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de la capital. Los anderos de Andújar dejaban paso a los de Jaén. No faltó, tampoco, el himno en honor de la Reina de Sierra Morena y, para demostrar que sólo en contadas ocasiones se la puede ver en la ciudad, se interpretó el himno de Jaén.
La Morenita recibió, también, una ofrenda floral. Acto seguido, el prelado le dio su bendición. “He venido a recibirte, como aquel día lo hizo Santa Isabel, para darte la bienvenida cuando vienes de visita a la Catedral, la Iglesia Madre de todas las iglesias de Jaén”, indicó. “Queremos acoger la gracia que nos ha concedido el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, en este año jubilar, en el cincuenta aniversario de tu proclamación como patrona de la Diócesis, y en el centenario de tu coronación”, dijo a la Virgen.
A continuación, la “Aceituna Bendita” partió hacia la Catedral, al son de la música de la Banda Municipal de Jaén y ante la expectación causada por el baile de las banderas de las distintas hermandades. Otro de los instantes más intensos fue la parada, durante unos minutos, de la patrona de Andújar en la Puerta Barrera. Una mujer con movilidad reducida, incluso, tuvo la oportunidad de acercarse, con su silla, a pocos centímetros de la imagen. Y, entre conmovidas dedicatorias, la Señora fue llevada en unas andas decoradas por la Peña Las Carretas, de la ciudad iliturgitana, hacia la Plaza de la Constitución, donde miles de devotos se concentraban y seguían su recorrido por la calle Bernabé Soriano. Los jiennenses, desbordados de emoción, también engalanaron sus balcones con banderas de España y de Andalucía. Como aseguraron, “la Madre de los Cielos se lo merece todo”.
A paso lento, La Morenita, llevada por más de setenta anderos, hacía su entrada en la Plaza de Santa María. Los fieles, que abarrotaron la zona, esperaban encontrarse con la Madre de Dios. Muchos, además, tenían la esperanza de contemplar un momento único: dos de las imágenes más veneradas de la provincia, Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de la Cabeza, estarán juntos, en la Catedral, más de una semana. Y, con toda probabilidad, esta cita será irrepetible.
Con más de tres horas de retraso, y tras casi treinta minutos de repique de campanas, la patrona de la Diócesis “subió al cielo” y entró, a las nueve menos cuarto de la noche, en el templo mayor. Ahora, los devotos tienen una cita con la Madre de Dios y con su Pastorcillo Divino.
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