Inmaculada Espinilla / Jaén
Trabaja por un sistema de evaluación de las universidades del Cono Sur equitativo y real. El rector de la Universidad Autónoma de Asunción de Paraguay está en Jaén para terminar las conclusiones de su tesis.
—Es rector de la Universidad Autónoma de Asunción de Paraguay y, al mismo tiempo, estudiante. ¿Cómo lleva su tesis doctoral sobre la calidad de la enseñanza superior?
—Está casi terminada. Sólo quedan por cerrar las conclusiones finales. Por eso, estoy en Jaén. La dirige el catedrático de Pedagogía, José Antonio Torres. Espero poderla leer el próximo mes de diciembre.
—Es curioso que un profesor de Paraguay realice la tesis en Jaén. ¿A qué se debe?
—No es la primera vez que ocurre. Hace unos ocho años, la Universidad de Jaén firmó un acuerdo con Paraguay con el objetivo de formar a doctores. Este convenio fue casi una casualidad. Ya se han leído algunos trabajos y, ahora, estamos en un periodo de nuevas lecturas.
—El nombre de su tesis es “Análisis del mecanismo de acreditación de la educación superior en los países del Mercosur”. ¿En qué consiste la investigación exactamente?
—En 2003, se puso en marcha de manera experimental el sistema de evaluación “Arcusur”. Se trabajaba en él, desde 1996, pero no fue hasta esa fecha en la que empezó a funcionar. Mi trabajo se centra en analizar cuáles son los primeros resultados, en qué consiste y qué ventajas tiene. Estudiar todo el proceso de implantación y detallar sus puntos fuertes y, también, los débiles. Al fin y al cabo, el último objetivo es facilitar la movilidad de estudiantes y profesores en el Cono Sur y, para conseguirlo, es imprescindible que las instituciones académicas tengan el mismo nivel.
—Si tuviera que hacer balance, ¿es positiva la implantación de Arcusur?
—El sistema tiene sus deficiencias y sus ventajas, pero lo cierto es que ha sido muy efectivo. Quizá, lo más importante es que se ha creado una cultura de la evaluación con el objetivo de mejorar la calidad de la educación superior. Antes, esto era algo impensable.
—Por el contrario, ¿cuáles son las sombras de ese sistema de evaluación?
—No tiene la suficiente motivación porque el sistema no garantiza el libre ejercicio de la profesión por una cuestión política. Por ejemplo, un ingeniero graduado en Chile tal vez no puede ejercer en Uruguay. Entonces, se quedó como un proyecto algo vacío. Además, necesita una inversión económica bastante importante y no se ha recibido el apoyo de los gobiernos.
—¿Cuál cree que es la causa de la falta de apoyo institucional?
—Para poder evaluar una carrera se necesita muchísimo dinero. Es aquí donde los gobernantes tienen que demostrar si su intención es realmente mejorar la calidad o, simplemente, se trata de un discurso. Por otro lado, hay muchos cambios políticos y la enseñanza no es siempre la prioridad.
—Quizá la publicación de su tesis sirva como un punto de arranque para la reflexión.
—Eso espero. Es una visión global del sistema y creo que facilitará mucho el acceso a la información y, también, podrá abrir un debate. Podrá ser un pilar para la modificación del procedimiento.
—Da la impresión de que la puesta en marcha de Arcusur fue sólo una declaración de intenciones por parte de los seis gobiernos de Mercosur.
—El único objetivo es certificar la calidad para que se puedan homologar los títulos para que los profesionales puedan hablar de igual a igual. La diferencia entre el nivel de las universidades es enorme. Por eso, es fundamental saber quién es quién y cuáles son las buenas o las mejores.
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