Con casi 23 años, el torero de Camas (Sevilla) Alfonso Oliva Soto conoce el sabor del éxito en las grandes plazas. Desde que tomó la alternativa el 22 de mayo de 2008 en la Real Maestranza, el joven se ha presentado como matador en los cosos más importantes de España. Ahora, continúa su sueño en la provincia de Jaén, donde toreará en las plazas de Villacarrillo y de Andújar, el viernes y sábado que viene, respectivamente.
—Son muchas las pruebas por las que debe pasar un torero, especialmente cuando está en sus comienzos como es su caso. ¿Cómo lleva esta temporada en la que debuta como matador en varias plazas?
—Es una temporada que se presentaba muy difícil, con pocas corridas; pero gracias a Dios, llegué a Sevilla, di la cara, y a partir de ahí cambió toda la temporada y estuve en plazas muy importantes como Pamplona o Málaga. Eso es algo muy grande para mí y me llena de satisfacción.
—¿Qué supone torear como matador en plazas como las de Villacarrillo y Andújar?
—Es la primera vez que toreo en la provincia de Jaén como matador, aunque ya estuve de novillero. Y, bueno, espero que mi presentación el viernes sea bonita al igual que en Andújar. Tengo mucha ilusión y ganas de volver a la plaza ante un toro.
—La preparación es primordial en su oficio sobre todo para circunstancias que no puede controlar directamente, como la sustitución de Cayetano en Málaga por la cogida que sufrió en Baeza en agosto.
—Por supuesto. Además, me lo dijeron justo después de recibir el trofeo a la “Faena más artística” de la Feria de Tafalla (Navarra). Así, al día siguiente me llamaron para la sustitución de Málaga.
—Llegar al punto en el que se encuentra es el resultado de una buena base y constancia.
—Cada uno adquiere oficio y tablas, y de novillero tuve un gran rodaje. De hecho, de novillero estuve en plazas importantes como las de Madrid, Sevilla o Pamplona.
—Por otra parte, ¿se ha rodeado de gente que le encaminó bien?
—Sí, claro. Siempre conté con mi familia, mis amigos y también con los apoderados que confían en mis posibilidades. Además, cuento con antecedentes como mi abuelo que fue picador de toros, y mis tíos abuelos Salomón Vargas y Nicolás Vargas que fueron toreros. Para mí es un orgullo llevar el nombre de mi familia. Reconozco que eso me ayuda, pero, al fin y al cabo, el que torea es el que el demanda el público.
—¿Qué momento fue más intenso: la primera vez que entró en una plaza como novillero o como matador?
—Más emocionante fue de novillero, porque tenía el “gusanillo” de que no sabes que puede pasar. Aunque, en realidad, eso nunca se sabe. Pero de novillero se tiene menos experiencia y eso provoca más incertidumbre, mientras que un matador tiene una currículum detrás que da tablas y se toma con más tranquilidad, aunque la tranquilidad siempre es poca.
—¿Cómo definiría su estilo?
—Creo que es personal, en el que hay sentimiento. De todos modos, no puedo definir mucho, pues el toreo es impredecible. Una de las cosas que más me gustan de mi toreo es que no me han dicho que me parezca a nadie. Creo que tener un sello propio es mejor.
—¿A qué toreros admira?
—Sobre todo a los que lo hacen con sentimiento como Rafael de Paula o Antonio Ordóñez. Son toreros que no tuve la oportunidad de verlos en directo pero que me han transmitido bastante en sus vídeos.
Diana Sánchez / Jaén
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