Diana Sánchez / Jaén
La tormenta desencadenada por el Capitán Trueno llega a la fortaleza de Baños de la Encina para comenzar la fase de rodaje. Dentro de sus muros, un grupo de personas con altavoces y cámaras, ataviadas con bermudas y camisetas contrasta con otras vestidas con bombachos árabes, chalecos de cuero o turbantes.
Como si atravesaran a otra dimensión y la piedra del Castillo de Burgalimar destellara una magia absorbente, los componentes del equipo técnico y artístico de la película El Capitán Trueno y el santo grial se adentran en otro mundo, en otra época. Es temprano. Las nueve de la mañana. Pero el personal no puede perder ni un solo minuto. En el cine el tiempo es oro, y diez millones de euros hay que aprovecharlos al máximo. Por los aledaños del monumento bañense transitan vecinos entremezclados con técnicos de sonido, cámaras y actores. El punto de encuentro los dirige hacia la puerta principal del Castillo. Allí, una fuerza especial transforma a quien la traspasa. Y es que las dos semanas y media de “maquillaje” en el patio de armas capitaneadas por Félix Murcia provocan un viaje por el tiempo: “Las escenas que rodamos aquí están ambientadas en mitad del desierto, en Tierra Santa”, indica el director de la cinta, Antonio Hernández.
Entre un caballo, un perro y bajo el vuelo imperial de dos aves rapaces, técnicos y actores se prepararan para seguir las órdenes de Hernández. Los ensayos, antes de poner en marcha la rueda del metraje para rodar, son esenciales para que los intérpretes se ambienten (aún más) arropados por un círculo de personas que portan micrófonos y bajo la mirada atenta y escrupulosa del director. Se trata de una de las primeras escenas de la película en las que Goliath y Crispín serán rescatados por Trueno justo antes de ser ajusticiados en un castillo árabe ambientado en el siglo XII.
Como en las dificultosas misiones que tendrá que resolver el héroe español, los personajes que se mueven por la alfombra de paja que cubre el patio de armas, responden a cada una de sus funciones con la misma intensidad. Una fuerza que no se ve mermada por las repeticiones de la escena ni por la inclemencia del sol que empieza a apretar sin piedad. Superada la primera escena sobre las once de la mañana, el equipo pone un paréntesis para comer un bocadillo y descansar unos minutos.
Es la hora de rodar una de las escenas más espectaculares sobre una torre interna en el Castillo. En el suelo se monta un sistema de amortiguación de caídas (con cajas y colchones). “Esto es el arranque de la película, por lo que es muy importante para nosotros. Tiene que ser un momento espectacular para enganchar al espectador”, explica Hernández. Arriba, cubierto por una sombrilla, el director trabaja la siguiente escena con Goliath (Manuel Martínez), Crispín (Adrián Lamana) y los soldados árabes. Enmarcando el portón, un grupo de vecinos asoma con curiosidad para observar el espectáculo y es que en pocas horas, se vivirá uno de los momentos más tensos de la mañana: el descenso por la tirolina de Trueno. Una escena, que debido a su dificultad —son 50 metros de altura— será interpretada por el especialista Jesús López. “Es un trabajo de mucha complicidad con Sergio”, indica el actor.
La cinematográfica tormenta continuará con las aventuras del Capitán Trueno y sus compañeros por Baños de la Encina hasta el próximo lunes, aunque sin la presencia de la protagonista femenina Sigrid, encarnada por la exótica Natasha Yarovencko. Cuatro intensas jornadas que dejarán la huella del héroe justiciero en la cruzada del séptimo arte.
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