Fue una corrida con mal rollo. Además, desde que los toros estaban en los corrales. El presidente y el equipo gubernativo se las vieron y se las desearon para conseguir seis toros de buena presentación, el empresario propuso un cartel caro y sólo tuvo media plaza, el ganadero tendrá que pensar qué le ocurre a sus reses porque estuvieron a un mal nivel y los toreros se estrellaron con un encierro con pocas posibilidades.
El público demostró que es bueno de verdad porque vaya feria taurina que ha tenido que sufrir.
Salió el primer Zalduendo y se cayó. Nada nuevo. La gente ya sabía la receta: “Pícalo con cariño, como si fuera tu padre”, le decía un espectador al varilarguero. El toro no se levantaba del suelo, pero la gente sí de los tendidos. “Fuera, fuera”, gritaban. Luego, salió Enrique Ponce con la muleta después de no tener opciones con el capote. La gente pitaba y Ponce se dirigió al respetable. Señaló al toro y preguntó: ¿Qué hago con él?, ¿Lo mato?”. Sin duda, todo un detalle. El público no respondió y menos mal porque si hubiera habido un espectador que le hubiera pedido unas manoletinas lo habría pasado mal. El bicho no se movía y, al final, no quedó otra opción. Ponce estuvo de enfermero. Vamos, una pena. “Torito, no te mueras”, debía pensar. La gente veía los desplantes igual que si el campeón del mundo de los pesos pesados se peleara con un hombre lleno de tiritas.
Luego, salió el cuarto y le dio unas pocas más opciones. Enrique Ponce se estiró a la verónica, pero el animal salía suelto de los lances. Hubo que esperarlo mucho con el capote y fue complicado en banderillas. Ponce tiró de recursos para intentar llevarse algún trofeo. Cambios de mano, trincherillas por bajo y trató de enroscarse al toro, pero fue como si a una plaza hambrienta de tauromaquia se le diera un canapé. Luego, al entrar al matar perdió el trofeo y cayó al suelo después de que la espada topara con una banderilla. Se resintió de una vieja lesión en el pie y pasó a la enfermería. El Juli hizo lo mejor de la tarde, que fue intentar torear de verdad. Recibió al toro a la verónica e hizo un quite por chicuelinas después del tercio de varas. Luego, exprimió al mejor astado de Zalduendo. Toreó con la derecha y enseñó a la plaza que la izquierda daba menos opciones. Fue capaz de darle tiempo para componer una bella faena que fue de menos a más. Mató de estocada en una lidia de oreja y media, que se quedó en un trofeo con buen criterio para mantener la exigencia de la plaza al diestro.
El quinto toro fue el profesor del encierro, ya que explicó bien lo que era la corrida. No quiso que lo toreara El Juli y, para ello, no se movió en la muleta. “Ven”, le decía el diestro. Pero, nada de nada. Con el capote, lances sueltos y se paraba, pero no porque le faltara la fuerza. Quería que el torero fuera donde él estaba para pelear en su terreno. Con la boca cerrada, encampanado y siempre con tendencia a arrollar. Y, así, es muy complicado. Sin duda, un buen resumen del encierro.
El Fandi se llevó el otro trofeo de la tarde. Está claro que al que da todo lo que tiene nunca se le puede pedir más. Al primero lo recibió de larga cambiada de rodillas, le puso tres pares de banderillas espectaculares y el animal se paró. Poco más. Luego, al sexto lo recibió a la verónica, le interpretó chicuelinas y lo toreó muy para el público. Cortó una oreja.
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