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Viernes, 10 de Febrero de 2012
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Sociedad.-Rosario López, el cante jondo con identidad propia

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Rafael Abolafia /Jaén
Rosario López está considerada en el mundo flamenco como una de las más grandes voces de las últimas décadas. No en vano, esta maestra del cante jondo paseó su arte por escenarios de todo el mundo. Con su voz irrepetible supo conectar con el público más exigente y entendido.

Rosario López Carrascosa nació en Jaén, ciudad en la que vive y de la que siempre ha presumido. Su talento natural ha sido capaz de actualizar los clásicos que escuchó desde su niñez en el desaparecido teatro Cervantes, el lugar donde nació en 1943. Hija de un músico, Enrique López, la pequeña Chari se crió entre escenarios y bambalinas. La música y las tablas ejercieron sobre aquella niña inquieta una extraordinaria influencia. Pronto se despertó en ella una excepcional vena artística, que se hizo fuerte en el territorio del flamenco.
Rosario López encontró pronto a una figura clave que guió sus pasos en un mundo dominado por hombres. Fue el cantaor Rafael Romero, “El Gallina”, el alma mater de la Peña Flamenca de Jaén. Descubrió el talento de la niña Charo en el desaparecido Cine Lis Palace, en una actuación junto al Gitano de Andújar y a un jovencísimo Enrique Morente. A partir de ese momento, entró de lleno en los círculos flamencos de la capital. Entabló amistad con personas muy vinculadas al cante jondo, como José Solís Rostaing o José Cruz, que fueron presidentes de la peña de Jaén. Rosario López tenía por delante una prometedora carrera.
Sin embargo, la enfermedad se cruzó en su camino. Con 30 años tuvo que trasladarse hasta Barcelona para tratarse de una dolencia renal. Finalmente, su hermana Juani le donó un riñón que le salvó la vida. Rosario López aprovechó su estancia en Cataluña. Allí entabló relación con varios colectivos flamencos y no paró de cantar prácticamente en ningún momento. Cosechó numerosos éxitos, al tiempo que acumulaba tablas y experiencia, ya que su voz comenzaba ya a sorprender por su particular impronta. Lejos de Andalucía, conoció otras formas de sentir el duende y perfeccionó su técnica.
Más tarde, volvió a Jaén y grabó su primer disco en 1977, “Rosario López”, en el que su duende salió a relucir y se confirmó lo que todo el mundo ya intuía: era cantaora y de las buenas. Su presencia se hizo imprescindible en los festivales flamencos, no sólo de la provincia, sino de toda España. Comenzó a demostrar que sabía desgranar como nadie todos los palos e interpretar un cante con su particular vivencia en primera persona.
Dos años después, puso en el mercado discográfico su segundo trabajo de estudio, “Pasión, muerte y entierro de García Lorca”. En los escenarios, Rosario López demostraba, concierto a concierto, festival a festival, que tenía una enorme facilitad para conectar con el público gracias a sus propuestas originales y frescas de palos tradicionales.
En 1978 acometió la grabación de su tercer disco en el que estuvo acompañada con la sabia guitarra de Juan Carmona, “Habichuela”. Rosario López se introdujo en los auténticos caminos del arte jondo con una pieza imprescindible para los amantes del flamenco puro.
Una de las principales características de la cantaora jiennense es su voz, rotunda e imponente, exquisita y sensible. Esa forma de sentir cada palabra ha imprimido al arte su particular sello para atrapar a los amantes del flamenco y, al mismo tiempo, captar el interés de nuevos espectadores. De hecho, Rosario es una artista que tiene enorme facilidad para conectar con el público gracias a propuestas originales y frescas de los palos más tradicionales. Prueba de ello son sus giras por Europa y Japón, país en el que ha estado cinco veces y donde su arte es muy apreciado. Rosario se apartó de los escenarios hace cuatro años por motivos de salud, aunque quiere reaparecer para Navidad. Esta cantaora jiennense representa la pureza del mejor flamenco.

“Seré flamenca mientras que la salud me lo permita”

—¿Cuándo se subió por primera vez en un escenario?
—Cuando tenía seis años. Fue en el teatro Cervantes, mi casa. Una compañía representaba la ópera “Madame Butterfly”. Lo recuerdo como si fuera ayer.
—¿Y por qué se decidió a interpretar flamenco?
—Cuando era niña veía muchos conciertos de cantaores y bailaores. Ni a mí ni a mis hermanas nos gustaba mucho el flamenco, porque no lo entendíamos. Era mi padre el que nos “obligaba” a ver los recitales. Poco a poco, ese mundo me fue atrapando, me quedé fascinada.
—¿Quién fue la persona que más la marcó entonces?
—Rafael Romero fue mi maestro. Él me puso en la buena senda. Después, yo estudié mucho el flamenco, lo que hacían los antiguos. Hay mucho trabajo y dedicación detrás de una carrera tan larga como la mía.
—Tuvo el apoyo de mucha gente. ¿Se acuerda de alguien especialmente?
—De muchas personas, sobre todo cuando caí enferma. En 1973 me tuve que ir a Barcelona. Estuve en coma más de un mes y medio. Mi hermana Juani me donó un riñón, que me salvó la vida. Fue un milagro, un gesto que recordaré para siempre.
—¿Y se quedó en Cataluña?
—Tenía que pasar la recuperación allí. Fueron a verme Rafael Romero y José Menese y me pidieron que cantara con ellos en un par de recitales. Allí empecé a hacer carrera como profesional. No me costó dar el paso. Me ofrecieron un contrato para cantar en Ceuta y, desde entonces, ya no paré.
—¿Se vive bien del flamenco?
—Gracias a Dios, yo pude vivir muy bien. Tengo una buena cartilla (risas). Siempre he tenido un modo de vida muy sencillo, con los pies muy pegados a la tierra.
—¿Qué le ha dado el flamenco?
—No puedo decir que me lo ha dado todo, pero casi. Gracias al cante he disfrutado de muchas alegrías y de muchas satisfacciones. Me permitió vivir de algo que realmente me gusta.
—Lleva cuatro años apartada de los escenarios. ¿Por qué?
—Primero fue por la salud. Tuve unos achaques y había que recuperarse. Después, falleció mi madre y no podía cantar. No tenía ni ganas de ensayar. Lo dejé todo por completo. Ahora, he vuelto y preparo algo para las navidades. Mientras que la salud y la garganta me lo permitan yo seré flamenca y estaré en los escenarios.
—¿Sigue componiendo como ha hecho a lo largo de su trayectoria profesional?
—Tengo muchas cosas a las que cantarle. Es la vida.
—¿Qué cantaor la marcó más?
—Entre otros muchos, Rafael Romero, Tomás Pavón y su hermana Pastora, “La niña de los peines”. También Manuel Torre.
—Dicen que usted tiene una voz muy peculiar, un sello característico. ¿Es verdad?
—Siempre he cantado a mi estilo, sin imitar a nadie.

 

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