Es simple: escupir una barbaridad para que se hable de eso y no de otra cosa. Como maniobra de despiste está bien. Pero ya infla las narices. Que se dejen de estereotipos casposos sobre los andaluces y trabajen para levantar el país, que no estamos para gaitas.
Ana Mato no sé a qué colegio iría, ni si tendría silla o banco corrido, pero lo que está claro es que no aprendió educación. La jefa del comité de campaña del PP no tenía mejor cosa que decir ese día, más que los niños andaluces dan clases en el suelo. Tan ignorante no puede ser esta señora, así que será cinismo puro, simplemente. En política no todo vale, por muchas elecciones que haya a la vuelta de la esquina. Y con los niños no se juega. Este mismo jueves, precisamente, se calló el techo de un colegio de Parla y nadie ha hecho un chiste fácil. Si hubiese sucedido en Málaga, me temo que habrían llovido los titulares graciosillos de los que se las dan de ingeniosos. Pero que tienen la gracia allí donde dijimos mismamente. Si yo fuera Ana Mato, estaría ya escaldada de símiles educativos y exprimiría un poco más las células grises en las entrevistas.También es cierto que para mezquindades no hay que ser de derechas ni de izquierdas. Porque la reacción de algunos socialistas a la penúltima ocurrencia de la vicesecretaria de Organización del PP también sube el listón de la idiotez, en la línea de “y tú más”: “Mato es una pija que va en Jaguar modelo Gürtel”. Siguen su estela de imbecilidad, caen en la trampa, en lugar de responderle con firmeza y seriedad donde haya que hacerlo o declararla ya persona non grata de Despeñaperros para abajo. La educación esconde bajo los pupitres muchos votos y en esa guerra, demasiado sucia a veces, no hay tregua ni cuartel. El cóctel de elementos como las generales del 20-N y los típicos tópicos andaluces da lugar a frasecitas peyorativas de las que tanto saben también Duran i Lleida, Puigcercós o Esperanza Aguirre. Los mismos perros con distinto collar. La indiferencia dicen que es el mejor de los desprecios, pero cuando existe reincidencia no se puede consentir. O no se debería.
Publicado en la edición impresa de Diario JAEN el domingo 30 de octubre de 2011
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