Si nos fiamos del delegado del Gobierno de la Junta, Felipe López, el culebrón de Los Puentes ha llegado a un punto de no retorno.
Vamos, que el encauzamiento de los ríos que atraviesan esa zona de las afueras de la capital está ya cerrado y solo falta enviar el proyecto a Medio Ambiente para que algún día —lejano, eso seguro— dejemos por fin de hablar de esas cinco mil familias que se construyeron la casa donde les dio la real gana para luego crearle cargo de conciencia a los demás con su problema de las inundaciones.
Así sea. Que se arregle, con 75 millones de euros de dinero público, claro, eso también. Porque no van a echarlas todas abajo simplemente por estar levantadas en suelo no urbanizable o en medio del cauce del río, que eso son detalles sin importancia. El proyecto que se presentaba el jueves de esta semana contempla derribar total o parcialmente cincuenta viviendas. Para las demás, amnistía total. Ole ahí las soluciones políticamente correctas. Hace años, en 2005, el entonces subdelegado del Gobierno, Fernando Calahorro, dijo 155 y casi lo queman en la hoguera hasta los de su partido. Después vendrían más cifras, hasta el número redondo de ahora: 50. Como en el cuento de Pedro y el lobo, ahora que parece cierto ya no hay quien se lo crea.
ALARMA SOCIAL. Hay quien puso el grito en el cielo cuando la familia del presunto asesino de Ángela dijo que Raúl no había actuado solo y que un asesino andaba suelto. ¡Menuda alarma social!, criticaron. Como si no tuviesen derecho a contar su versión, sea la que sea. En la otra cara de la moneda, pocos días después, los padres y los hermanos del hombre que asesinaron en los jardines del hospital reclamaban más investigación policial para que el crimen no quede impune, al ver que el único encarcelado por ese caso salía de la cárcel. En este caso sí que se puede decir claramente que un asesino anda suelto. ¿O contar lo evidente también es crear alarma social?
DEMAGOGIA. Los extrabajadores de Primayor se formaron para un trabajo que no llega, porque la empresa que iba a contratarlos está en concurso de acreedores. Los futuros conductores del tranvía también se han quedado formados y sin empleo. Lo de Dhul no tiene solución, al menos, a corto plazo, pero Fernández de Moya sí que puede darles el puesto de trabajo para el que se han preparado. Hasta que un día se los encuentre acampados a su puerta
Publicado en la sección "40 grados" el domingo 24 de julio en Diario JAEN