Jóvenes y sobradamente preparados. La generación de chicos y chicas mejor formados de toda la historia andaluza y resulta que no tienen dónde desarrollar semejante talento. Muy listos, pero con los bolsillos vacíos y sin porvenir.
Algo, y grave, falla si resulta que Jaén tiene la mayor tasa de paro de la región en menores de 30 años. Y lo más preocupante es que el futuro, el caldo de cultivo del mañana, es lo que no marcha. La estadística está ahí desde hace días, no es nueva, pero nadie ha salido al paso, ni se ha sentido aludido. Ni se le cae la cara de vergüenza, vamos. La inercia lo diluye todo, lo disfraza, y aquí no pasa nada. ¿Podremos despertar algún día? No se puede consentir que nuestros políticos, esos que llevan toda la vida gobernando gracias a una oposición de la señorita Pepis, se enorgullezcan de crear universidades y dar educación a todo hijo de vecino desde los tres años, para que luego acaben sentados en casa viendo la tele o plantando patatas en la granja de Facebook. Nuestros Chaves, Zarrías, Felipe López o Carmen Peñalver… Los de toda la vida, en uno u otro cargo, pero siempre ahí. Nada como entrar en política para tener un sueldo de por vida, eso sí. Políticos profesionales tenemos una lista interminable. Después de tres décadas con mando en plaza, además de formar hay que dar salidas laborales. Si se falla al final de la cadena, todo lo demás no sirve de nada. El PP-A se siente más cerca que nunca de ganar las elecciones en Andalucía, pero no por méritos propios, sino por la dejación de funciones de los que sienten que el cargo es vitalicio.
IRÁN. Da miedo pensar que un país que es capaz de matar a una mujer como a un perro tenga en sus manos el poder de la energía atómica. Miedo no, pánico. El caso de Shakine Mohammadí Ahstiani, la iraní que ha sido ejecutada por adulterio, después de ser torturada para confesar su “crimen”, levantó una ola de protestas en todo el mundo, pero de nada sirvieron. Como tampoco la mediación del presidente brasileño, que le ofreció asilo para que no fuese lapidada. Las advertencias internacionales no funcionan ante mentes irracionales. Y si no se actúa con mayor contundencia, cualquier día condenan desde su despotismo al resto de la pecadora humanidad y nos mandan a los brazos de Alá con una bomba atómica. No hay margen para la debilidad, para las medias tintas, cuando se está hablando de regímenes asesinos y endiosados. Irán no es el único, pero sí uno de los mejores armados, si no el que más. He ahí el problema.
DORMIDOS. Agosto, cuarenta grados a la sombra y atascos por sorpresa y sin piedad. ¿No se supone que era este mes cuando se quedaban las calles vacías? Se ve que no, que hasta para eso nos salimos de las estadísticas. O quizá sea todo un sueño, una pesadilla colectiva de la que no somos capaces de despertar porque estamos vivos y uno sólo se despierta cuando muere. Sueño, luego existo. Por si acaso, mejor seguir con la pesadilla, no vaya a ser que la mañana menos pensada nos despertemos y la verdadera realidad sea peor todavía.
AMARILLOS FOSFORITOS. Pululan en pequeños grupos o en solitario por todo el trazado del tranvía, en algunos puntos más que en otros. Hay una cantidad increíble de trabajadores con chaleco reflectante en el itinerario del antiguamente conocido como sistema tranviario (ahora ya han dejado los políticos de llamarlo así, cosa curiosa). En agosto las obras no paran, para desesperación general