Nuestra Caja de Jaénya es historia. Tenemos que creernos que nos hemos adelantado a los tiempos, que se han hecho bien los deberes y que todo será en beneficio de los empleados y, desde luego, que los clientes jiennenses saldrán ganando con una Obra Social reforzada a raíz de la fusión con Unicaja.
Nos lo tenemos que creer y nos lo creemos. Al cien por cien. Tiempo habrá de descreerlo cuando la realidad del día a día se coma todo el romanticismo de esta boda tan esperada. Llegados a este punto, no hay que ser desconfiados. Pero sí aprovechar la coyuntura para plantear la imperiosa necesidad de que las cajas de ahorros se sacudan de sus consejos de administración a todos los políticos que viven del cuento. Para que bochornosos espectáculos como el de Caja Madrid no vuelvan a "despistarles" -por decirlo con cariño- de lo que debe ser su función puramente objetiva y empresarial. Pero eso sí que es de románticos. O de ilusos, para ser más exactos. Como la mujer del César, además de serlo, hay que parecerlo. Lo que no me creo ni atada es que un político, sea del partido que sea, enarbole la bandera la independencia de las directrices de su partido dentro de la caja, cuando todos sabemos que son incapaces de dar un paso ellos solitos. Y la política no es mala, pero bien entendida, bien ejercida y donde tiene que estar.
Dos pájaros de un tiro Dos pájaros llamados Joan Manuel Serrat (i) y Joaquín Sabina -"un colibrí y un cuervo", dicen ellos- han querido mitigar la crisis con una nueva gira internacional y un disco con temas inéditos, "La orquesta del Titanic", que han presentado hoy en la Casa de América de Madrid. EFE/Emilio Naranjo