El suelo le desapareció de debajo de los pies y durante unos interminables segundos vio su vida en diapositivas. El alma se le encogió y luego todo fue negro… O algo así debió ser.
No puedo imaginarme, ni de lejos, lo que tuvo que pasar la mujer que el otro día cayó a un pozo de aguas fecales de catorce metros de profundidad, ni el sufrimiento que todavía le queda por pasar hasta que se someta a todas las operaciones que necesita para recuperarse. ¡Qué horror! Y todo por tener la mala suerte de atravesar un descampado entre el Polígono de los Olivares y el Bulevar que ahora resulta que era tierra de nadie. El Ayuntamiento se lava las manos, como Pilatos. Aclara que los terrenos son de la Junta de Andalucía y la tapadera desaparecida misteriosamente, de Aqualia. Pero de ellos no es culpa. Lo primero es sacudirse la responsabilidad, como los perros las pulgas. Vergüenza ajena da leer las palabras de Manuel López, concejal de Urbanismo, diciendo que el Ayuntamiento ahí ni pincha ni corta, justo en la misma página de este periódico (domingo, 15 de noviembre) en la que la mujer comentaba desde la cama del hospital que cada vez que cierra los ojos se vuelve a ver en ese pozo. ¡Por favor! Manuel López, si fuese un servidor público como concejal que es, debería ponerse al servicio de esa mujer, estar a los pies de la cama si hace falta y prometerle que no descansarán, ni escatimarán medios, hasta encontrar al responsable y que, mientras, que esté tranquila que no le faltará de nada, porque el Ayuntamiento estará con ella. Eso es un Ayuntamiento que vela por sus ciudadanos. Sea culpa suya el accidente o sea de mi prima. Se olvidan las prioridades, que son las personas. Lo demás, gaitas.
Moda 'turquesa' Una mujer desfila con una creación de la diseñadora Gamze Saracoglu durante la Semana de la Moda de Estambul, Turquía. EFE/Tolga Bozoglu