Avanzaba la partida de Monopoly con los deberes hechos, 900.000 metros cuadrados comprados con la sabiduría que da el conocimiento y una recalificación pendiente para obrar el milagro de los panes y los peces. Era cuestión de que los dados cayeran en azarosa combinación para allanar caminos y voluntades. La agónica situación del Real Jaén medió para que el empresario sevillano José María González de Caldas—toda una vida en el “candelabro” urbanístico— encontrara, por fin, oportunidad para medrar a cuenta del fútbol jiennense y sus zonas oscuras.
El acuciado cooperador necesario despejó el tablero para que el equipo de Gobierno, o al menos, el PSOE, se olvidara del pedigrí empresarial y entrara de lleno en la operación urbanística, aunque tuviera que pactar con el otrora diablo “malayo”. Cuando la necesidad apremia la escala de valores se reduce. Selección natural. Seis millones de euros para una salud financiera comatosa como la del Ayuntamiento es un aporte vitamínico nada despreciable. Pero los castillos en el aire que salvaban nóminas municipales y pagos a proveedores, junto con el beneficioso efecto “colateral” en las deudas del Real Jaén, se disiparon frente al aliento terco de un socio de gobierno que no ejerció como tal y de un político fiel a unas ideas que, me temo, le han dado la puntilla política. José Luis Cano, con dos papeles en la función, tragó saliva para “traicionar” a unos atribulados compañeros de viaje, mientras una reducida parte de la grada jaleaba su difícil decisión. En el centro de la diana recibirá dardos envenenados, a diestra y siniestra, y quedará como el malo de la película, aunque otros actores secundarios no se puede decir que lo bordaran. ¿Cómo es posible que los muñidores llevaran el acuerdo a pleno sin atar los cabos?
IU y PP — esa “pinza” que tanto recorrido político tendrá en los próximos meses— se negaron a recalificar unos terrenos parcialmente protegidos y digna de mención fue la intervención del popular Manuel Peragón, crecido en el castigo, que tiró de hemeroteca para recordar lo dicho por los adversarios en otros tiempos, por más que escuchándole alguien pudiera pensar que sufre de alzhéimer urbanístico.
Con los nervios en ebullición, las esperanzas de unos y otros se derrumbaron y la frustración dio paso a un lamentable intercambio de insultos y forcejeos. La amenaza de desaparición del club y la delicada situación del presidente, Carlos Sánchez, no pueden ser atenuantes ni justificantes de algunas de las barbaridades escuchadas en los últimos días. Las arengas a la masa social deben medirse para que nadie las utilice de coartada para perder los nervios. Tampoco se entiende que el siempre volcánico Andrés Bódalo (miembro de IU y representante del Sindicato Andaluz de Trabajadores) confundiera el pleno con un piquete informativo.
Separación. La cercanía electoral propicia el distanciamiento de los socios de un pacto, pero el último pleno deja heridas profundas que requieren cirugía y que dejan cicatrices. “Con una mano me pide y con la otra me ahoga”, dijo la alcaldesa Carmen Peñalver en referencia a Cano. Se debe saber que en los matrimonios de conveniencia cada uno va a lo suyo.
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