
Las manifestaciones sindicales contra el “pensionazo” y la postura timorata del Gobierno tienen mucho de escenificación. Teatro, malo, pero puro teatro. Sobre la tarima ninguno de los actores defiende con ahínco su papel en la obra. En el caso de los sindicatos se dejan llevar por un pasado reciente, por una vieja representación de los trabajadores, que los convertía en necesarios interlocutores. Hoy, encasillados en aquel glorioso papel, son dinosaurios inadaptados que sobreviven por la reserva de funcionarios públicos, por las viejas empresas de capital estatal o autonómico (Astilleros o Santana Motor, en Jaén) y su todavía fuerte presencia en multinacionales. Más allá de estas reservas, sólo hay selva.
De hecho, existe un abismo entre los logros conseguidos en ellas y el resto de asalariados. Un punto de recelo para el resto de millones de trabajadores que entienden que el discurso sindical está alejado de su rutina, y que los convenios colectivos son manuscritos en papiro que se convierten en polvo al entrar en contacto con la realidad. Sus tenues arengas están sobreactuadas y están empapadas del discurso vacuo de sus compañeros de mesa. Un papel de extras necesarios. La explicación a la escasa asistencia a las manifestaciones de estos días puede ser variada, el tiempo, consignas con boca pequeña, pero el hecho es que los sindicatos pierden feligreses porque su oferta no está actualizada. Toca un reciclado sustancial, un curso, de verdad, para sobrevivir en una selva de "mileuristas". De lo contrario, serán un iceberg a la deriva. Mientras, en la otra orilla, el Gobierno sigue empeñado en desconcertarnos con cada golpe de timón. Sus medidas duran lo que un azucarillo en un café. La táctica de un paso adelante y dos atrás para contentar aquí y allá no da confianza ni en los mercados internacionales ni a la hora ir a comprar el pan. La vela a dios y al diablo no garantizará pensiones ni creará empleo. Ya que en su momento no se actuó con diligencia, si son necesarios ajustes háganse cuanto antes. Eso sí, no empiecen siempre por el peldaño más pisoteado. Puestos a joder, jodan equitativamente.
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