El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ha venido insistiendo de manera rotunda en los últimos meses sobre la austeridad en el ámbito público y, de hecho, ha impulsado una remodelación de la estructura de la Administración autonómica con el objetivo de aminorar el gasto. Salir de la crisis se ha fijado, por tanto, como la principal prioridad.
Parece lógico que si todo el mundo se ha tenido que apretar el cinturón ante la situación económica -miles de familias, incluso, de tanto apretarlo se han quedado sin cinturón- qué menos que esperar una actitud de contención por parte de la Administración. En cualquier caso, sí se pone de manifiesto una cuestión: si la Junta de Andalucía puede apañárselas perfectamente con menos altos cargos y, por tanto, estos se han suprimido, se deduce que, por lógica, estos no eran imprescindibles y que se podrían haber borrado del organigrama con mucha antelación, con independencia de que las vacas estuvieran gordas o flacas. La decisión adoptada por el presidente de la Junta de Andalucía parece acertada, aunque a los que deja mal es a sus antecesores en el puesto. ¿Por qué no lo hicieron ellos? Lo paradógico es que dichos antecesores no son de otro partido, sino que comparten la misma "marca", son también del PSOE. Tal vez olvidaron que la austeridad de la Administración, sobre todo en determinadas parcelas, debe ser una constante y no sólo aparecer en momentos de crisis económica. La optimización del gasto en el ámbito público va en beneficio de todos.
Moda 'turquesa' Una mujer desfila con una creación de la diseñadora Gamze Saracoglu durante la Semana de la Moda de Estambul, Turquía. EFE/Tolga Bozoglu