Hace veinte años, por mi edad, poco sabía yo de lo que significaba la caída del muro de Berlín. Recuerdo ver a través de la televisión a cientos de personas armadas con picos y martillos y repletas de euforia que hacían añicos la mole de cemento, monumento al dolor y a la sinrazón humana, algo que entendí unos años más tarde.
Ahora, se celebra el aniversario de una fecha que supuso un punto de inflexión en la historia. Dos décadas después, sigue habiendo otros muros aún firmes, que no han caído y ni pinta tienen de hacerlo en breve. Muros levantados por el hombre para separar, para dividir, para aislar. Son barreras que forman parte de nuestro día a día y que están al doblar la esquina. Se integran en nuestra vida como elementos del paisaje. Ante eso, sería bueno recordar que el Muro de Berlín cayó, sí… Pero porque cientos de manos lo tiraron abajo.
La moda flamenca Natividad Abascal y Romero de Toro, conocida como Naty Abascal (d), tras recibir de manos de la duquesa de Alba (c) una placa que representa el máximo galardón que la patronal de la moda flamenca entrega cada año, y lo ha hecho por su "valiosa promoción del traje de volantes como icono de moda y alta costura", en el XVIII Salón Internacional de la Moda Flamenca (SIMOF). Junto a la duquesa de Alba, la exmodelo y empresaria Raquel Revuelta (i). EFE/José Manuel Vidal