No soy funcionaria, pero me irrita lo metepatas e inoportunos que pueden llegar a ser los típicos y abundantes chistes y memeces que proliferan, en toda reunión informal, sobre el trabajador público. Me consta que éste, una y otra vez, intenta armarse de paciencia, a la espera de que, en cualquier momento, salte a la palestra algún otro colectivo, sobre el que desahogar las envidias y las irreverencias de los demás.



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