El valor terapéutico y médico del aceite de oliva es bien conocido desde la antigüedad. Hipócrates, Galeno o Dioscórides trataron sobre sus virtudes. La ciencia ha confirmado hoy la verdad científica de la civilización milenaria del Mediterráneo.
Su composición equilibrada de ácidos grasos, con gran porcentaje de monoinsaturados y, sobre todo, su alto contenido en antioxidantes, lo hacen especialmente apto para prevenir infinidad de patologías.
1. El aceite de oliva y la aterosclerosis. Es la enfermedad más extendida en los países industrializados y su incidencia está estrechamente relacionada con los hábitos alimenticios. Está demostrado que una dieta rica en grasas saturadas (de animales) elevan los niveles de LDL- colesterol (colesterol malo). Los ácidos grasos monoinsaturados, propios del aceite de oliva, lo reducen.
2. Como fuente de lípidos dietéticos. Los lípidos son las grasas necesarias para el funcionamiento de muchos órganos y fuente de vitaminas que sólo son solubles en grasas. La composición química del aceite de oliva es ideal como defensa nutricional contra la oxidación de los lípidos.
3. El aceite de oliva y aparato digestivo. El aceite de oliva es el mejor tolerado por el estómago. Posee efectos beneficiosos sobre la gastritis hiperclorhídrica, previene la formación de úlceras y cálculos biliares, alivia el malestar abdominal, reduce los efectos de la indigestión después de una comida, hace más lento el vaciado del estómago y provoca pronta sensación de saciedad.
4. También sirve: En la infancia, en la senectud, para las afecciones de la piel, para la diabetes, para el sistema inmunitario y como mecanismo de defensa
En general se puede decir que las propiedades antioxidantes del aceite de oliva virgen van a retardar la oxidación celular, que es un factor de suma importancia para frenar la degeneración de las células, proceso directamente relacionado con todos los tipos de cáncer.
| Comentarios |
|






















