El bosque de Vicente Moreno

Una maravilla a unos metros de la ciudad. Eso es en esencia lo que ha conseguido el artista y exconcejal de Izquierda Unida Vicente Moreno en su recoleta parcela de los Tajos. No es la Fraga de Cecebre del famoso libro “El Bosque Animado”, pero el espacio tiene un embrujo que llena de paz y naturaleza a cualquier visitante.

20 nov 2015 / 11:13 H.


La ubicación del lugar en una umbría hace que la exuberante vegetación lo envuelva todo, en un paraje desde donde existen vistas panorámicas de tres provincias, en las que sobresalen las siluetas de la omnipresente Mota o La Acamuña. La imponente mole rocosa del macizo de los Tajos, con atormentadas formas y huellas impactantes fruto de la erosión diferencial en la arenisca, sirve de parapeto, mientras que las especies vegetales autóctonas, como el zumaque y la cornicabra —ahora en otoño con tonos rojizos espectaculares— coexisten con olivos y almendros cultivados de manera ecológica. El agradable olor de la planta llamada marrubio impregna el ambiente. En cuanto a animales, en la zona llegan a verse búhos reales y cabras monteses. Además, hay vestigios de sucesivas civilizaciones, por ejemplo se ven restos de unos silos prehistóricos. El contrapunto a este selva lo pone el genio de Moreno. Esparcidas por la coqueta finca, estructurada en hasta cinco niveles a modo de terrazas, se encuentran las esculturas y relieves en piedra obra del propio artista.
De hecho, el creador tiene allí su taller y ha excavado una pequeña cueva para guarecerse de la lluvia. Los trabajos van desde un hombre maniatado hasta una especie de carnero que recuerda a los toros de Guisando. Algunas piezas están sin terminar, lo que facilita que la imaginación vuele. En la labor de Vicente Moreno sobresalen los grupos de personas con los que explora cuestiones como la relación entre el hombre y la mujer o cuestiones peliaguadas como el suicidio. El resultado es un clamor a favor del mundo campesino y una transposición de las vivencias y los recuerdos, a veces de la infancia, del peculiar artífice.
Moreno se siente “encantado” de que la gente visita su mágico rincón, que él compró hace una década. Lo llena escuchar las impresiones de las personas que acuden hasta allí y comprobar cómo reaccionan ante el asombroso conjunto rural y natural. Desea que perdure: “Ojalá las máquinas nunca puedan con él”.