Actualizado
jueves, 23 mayo 2019
03:27
h
URGENTE

Mi queridísimo suegro: quién nos iba a decir que hace ya un mes de su inesperada partida. Nunca en la vida pensé que me dolería tanto ni que lo recordaría tanto como lo hago. A tal punto llega mi dolor que me resulta imposible ir a su casa, llamar a Angelita o a Kike o a Ángel, porque hablar con ellos es recordar el día 22 de febrero que, por cierto, maldito día. Como dije hace tiempo, lo conocí cuando yo era una niña, apenas 14 años tenía y me daba mucho respeto ponerme frente a usted, porque no sabía si me iba a hablar en serio o me gastaría alguna de sus típicas bromas y, lógicamente, yo me moría de la vergüenza. Recuerdo con una sonrisa en la cara, esas “ quedadas” que hacíamos para irnos a tapear por las tascas, los dos solos y sin que se enterara nadie, porque se enfadaban. También recuerdo las vueltas que dábamos en la plaza de abastos para buscar los boquerones mas ricos y llevárselos a Angelita, cuando me obligaba a comer callos en los bares y yo odio los callos. Pero eran tiempos felices, días de risa, alegría y, si encartaba, días de borracheras, que yo parecía Heidi con las chapetas que se me ponen cuando me achispo. Siempre que uno estaba a su lado pasaba un buen rato. Pero bueno, volvamos al presente, Daniel está muy mal. Jamás imaginó que pasaría los peores momentos de su vida el día que usted faltase; pero bueno entre las niñas y yo le intentamos levantar el ánimo. Rocío, su nieta, dice que no imaginaba que lo quería tanto como lo quiere, pero eso es bueno. Angelita, la pobre, está fatal, pero creo que saldrá porque es fuerte, solo necesita tiempo. Pero estoy segura de que ella, sin duda alguna, es la que más siente su ausencia y la que peor lo está pasando. Yo le prometo que, cuando esté un pelín mejor, me preocuparé porque ella esté bien. Kike, el pobre, está muy tocado, aunque ya sabemos como es, muy reservado.... y Ángel es el más pequeño, pero creo que el más fuerte. Quiero que sepa que es un hombre muy querido y que tiene muchos y muy buenos amigos, que estuvieron acompañándonos en su despedida y eso es de agradecer... Pero bueno, usted, que seguro que está en el cielo, espero que esté dándose una vuelta por allí, para ver cual es el mejor bar, el que mejores tapas tiene, para que cuando los demás subamos, nos sintamos como en casa. Por favor, déle un beso fuerte a mi padre y disfruten juntos, que se lo merecen.

Con todo mi cariño, su nuera, Rocío.