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URGENTE

Es que no hay manera

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30/07/2018

Está dotado el actual equipo directivo del Real Jaén de una especie de fruslería, por calificarlo como poéticamente, de la que no acaba de liberarse y que, como vigilante atento, está dispuesto a practicar en cuanto surge la ocasión. En estos días, cuando empieza a escribir una página de bien hacer, una tarea de razonable mérito, y va construyendo un buen trabajo, sin esperarlo salta la liebre, surge el desajuste, se estropea la imagen y se mete la pata. Da la impresión fundada de que se está haciendo un extraordinario trabajo, parece que hay consenso (y mucho contento) en lo bien que se está preparando la temporada, cuando, de pronto, la pata ya está en el arca. (Por cierto que conviene aclarar para quien lo desconozca que la expresión “meter la pata” no tiene el origen que todos pensamos. Un comentarista bíblico, Teofrasto de Hieracómpolis, ofreciendo una versión del diluvio, explicaba que Yahveh puso a prueba a Noé y le pidió que de todas las parejas de animales excluyera a la hembra de pato, ya que no consideraba que esta especie fuera digna de perpetuarse. A cambio, se comprometía a reducir los días de lluvia y a multiplicar la prole tras el diluvio. Pero a Noé le dio mucha pena, desobedeció las ordenes, la introdujo y la escondió. Mas cuando Yahveh se enteró, se enfadó, lanzó un trueno tremendo y le dijo: «es inútil que lo niegues, has metido la pata». Nada menos que Erasmo de Rotterdam popularizó el episodio y, aunque la iglesia católica no lo reconoce, quedó ya como frase casi eterna). Creo que todos estaríamos de acuerdo en que García de Tébar tiene derecho a tener un triunfo solemne y simpar como aquellos de Pompeyo y César en el Imperio Romano por todo lo que hizo y cómo le gestionó. Y tendríamos que ofrecerles todos nuestros respetos y nuestros cariños. Al parecer, no se le ha tratado como merece y se le prometió, lo que hay que corregirlo como sea. Por justicia y porque está en juego nuestro prestigio público. Dentro del buen hacer, alguien ha metido la pata... en el arca de Noé. Lamentable, muy lamentable. Incomprensiblemente lamentable. Por obvio y sin sentido.