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domingo, 19 mayo 2019
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URGENTE

“Considero que leer es fundamental”

JESÚS MARÍA HERMOSO
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Aunque desarrolló su carrera profesional en los ámbitos tecnológico y empresarial, Jesús María Hermoso (Jimena, 1945) ha sido siempre un hombre con alma de humanista. Su amor por las artes le llevó a plasmar sus ideas, a lo largo de los años, en diversas notas. Una vez jubilado, decidió escribir “Andresico”, su primera obra literaria

—El título del libro se corresponde con su nombre, usted habla de él y con él a lo largo de las páginas, pero, ¿quién fue realmente Andresico?

—Andresico fue una persona real, un casero de un pequeño cortijo que tenía mi madre en Jimena, mi pueblo natal. Cuando yo era pequeño, en los años cincuenta, pasamos cinco o seis veranos, y él, que vivía allí durante todo el año, se sentía muy acompañado cuando íbamos. Yo pasaba muchas horas con Andresico, y de él aprendí mucho. Saber pensar, saber razonar, fue lo más importante que me pudo enseñar. Le tomé muchísimo cariño, y por eso quise plasmar algo de lo que viví en aquellos años, sobre todo para que no se olvide que hay personas por ahí que, sin tener ninguna formación académica, son capaces de transmitir y enseñar muchas cosas.

—¿Cuál es el papel del propio Andresico en el libro?

—Yo utilizo mis vivencias con él como hilo conductor de todo lo cuento en el libro. Cada una de las anécdotas, que son reales, pero que aparecen de forma novelada, me sirve para hablar de determinados temas. En la primera parte del libro quise, de alguna manera, recordar mi Jaén de mi alma y mi pueblo, donde nací, aunque sólo viví allí durante mis primeros años. No en vano, la portada se la dedico a Jaén, con una imagen tomada desde el patio de La Magdalena en la que se reflejan la cultura árabe, la romana y la castellana. Después voy avanzando y hago un repaso de cómo va cambiando el mundo entre los años 1955 y 1965, aproximadamente. Cuento cómo, siendo ya un pequeño joven, descubro la música y comencé a tocar con el grupo Soniger, en el que interpretábamos versiones. El mismo rock y pop que se hacía en Londres lo hacíamos en Jaén. En aquella época se empezó a hablar de libertades, y eso se reflejó en la música.

—Sin haberla vivido, la imagen que tiene uno de esa década, en pleno franquismo, es otra distinta. ¿Realmente se podía hablar de libertades?

—A principios de los sesenta la gente se empezó a cuestionar ya muchas cosas. Incluso antes, recuerdo que Andresico me echó un bronca porque yo me quejaba de que tenía que estudiar mientras mis hermanas estaban en la piscina, y él me decía que eso era lo malo, que las mujeres no tuvieran acceso al ámbito académico. Y ya en los sesenta se empezaba a oler lo que era la democracia, la libertad. Como digo, eso se vio también en la música. Pasamos del chachachá, los valses y los tangos al rock y al jazz.

—Volvamos al sentido de la obra en sí. ¿Cree usted que figuras como la de Andresico están en peligro de extinción ante el fenómeno de la despoblación en municipios?

—Sí, totalmente. Si viajas, ahora puedes ver que pueblo que antes contaba con 5.000 habitantes, ahora tiene sólo 1.000, y otros que antes tenían 1.500, se han quedado ahora en unos 200. Hace tiempo estuve en un pueblo del norte de Sevilla, Almadén de la Plata, que ahora tiene unos 1.300 habitantes, pero en sus tiempos, muchísimos más. Allí hice una especie de estudio del capital humano para ver qué preparación tenía la gente, y vi que los pocos viejos que quedaban se habían perdido, es decir, no eran ricos en cuanto a conocimiento de la tradición oral, pero es que tampoco tenían preparación académica alguna. La verdad es que a mí eso me da mucha tristeza.

—Después de publicar esta primera obra literaria, ¿se atreverá a hacerlo más veces?

—Esa es mi intención. Tengo muchas notas que me gustaría ir recopilando para publicar todo lo que me dé tiempo. A mí siempre me ha gustado mucho escribir, pero, en mi época, a los niños que eran medianamente espabilados los metían en ciencias, que es lo que me pasó a mí. Yo no tomé la decisión de hacer el Bachiller Superior de Ciencias, fueron mis padres. Pero me ha ido bien, al fin y al cabo, y, además, nunca abandoné mi afición a escribir y a leer. He leído todo lo que he podido porque considero que leer es fundamental.

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