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URGENTE

“Aquí, tras el duro accidente, me reivindiqué como torero”

Jesulín de Ubrique
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01/09/2018
Hoy hará el paseíllo en la Feria de Porcuna. Ahora disfruta de la tauromaquia a través de los festivales y alguna corrida puntual. El diestro dice que Jaén ha sido una tierra importante en su carrera, que le ha dado mucho y en la que compró hasta su ganadería

Jesulín de Ubrique (9 de enero de 1974) es uno de los matadores de toros más importantes de la tauromaquia de finales del siglo XX. Es uno de los toreros que más aficionados ha llevado a las plazas de toros. Además, durante décadas, se convirtió en una de las personas más populares de España. Tiene el hito de ser el diestro que más corridas toreó en una temporada. Fue en 1995 cuando hizo el paseíllo en 161 corridas de toros y logró 279 orejas. Se superó a sí mismo, ya que el año anterior (1994) había toreado en 153 corridas habiendo logrado 339 trofeos. Más allá de la falsa imagen que algunos se afanaron en crearle, Jesús Janeiro Bazán es un hombre sencillo, accesible y de trato amable y cariñoso. Es habitual verlo por Jaén. La Mezquita, de Guarromán, es uno de sus restaurantes preferidos gracias a la amistad que le une con su propietario, Paco Haro. Hoy, Jesulín de Ubrique se reencuentra con los aficionados jiennenses en un festival en Porcuna.

—¿Cómo vive ahora la tauromaquia Jesulín de Ubrique?

—Lo hago de una manera diferente. Atrás quedaron las temporadas largas que conllevan un gran desgaste mental y físico. Hago festivales y me divierto en el campo. No quiere decir que no asuma riesgos, porque siempre existen, pero vivo el toreo dentro de una realidad muy diferente a la de hace 20 o 30 años dentro de que mis circunstancias son también distintas.

—¿Por qué se retiró?

—Quise irme en un momento bueno de mi carrera. Me negué a exprimirme por las plazas. Lo dejé en 2007, volví en 2010 de forma puntual para conmemorar mis 20 años de alternativa. Ahora, con los festivales satisfago mi obsesión y mis ganas de torear, que todavía continúan ahí muy vivas.

—¿Siente el calor y la responsabilidad de los públicos cuando pisa el albero de la plaza?

—Siempre. Uno de mis grandes tesoros es que me he sentido muy querido por la gente. Eso es un privilegio. Mañana (por hoy) toreo en Porcuna. Cuando sabes que la gente te quiere, el compromiso es mayor. No voy a pasar el rato. Siempre intento estar a la mejor altura de mis circunstancias.

—¿Se considera un revolucionario dentro de la tauromaquia?

—No soy quien para decir eso, pero sé que hice cosas importantes y que movilicé a mucha gente.

—Usted llevó a muchas mujeres a las plazas, que era un espacio en el que los hombres eran una rotunda mayoría.

—Es verdad, pero creo que lo hemos hecho algunos otros toreros. Eso es bueno. La mujer tenía que participar como aficionada dentro de unos parámetros marcados por la igualdad.

—Es el torero que más corridas ha toreado en un año, con 161 durante 1995. ¿Cree que alguien podrá superar esta marca?

—Desgraciadamente, creo que eso será imposible. Hay que reunir muchas circunstancias, como una capacidad para la revolución y un ambiente con muchos espectáculos. No es solo querer hacerlo, sino que te contraten, que tengas el tirón para llevar a la gente a los tendidos o que no te cojan los toros, entre otros aspectos. Aunque ahora se quisiera, se tienen que dar muchas circunstancias que no se producen.

—A usted no le cogieron los toros y pudo hacerlo. ¿Qué hay que hacer para conseguirlo?

—Los toros te cogen. Hay que triunfar, pero con conocimiento. Para eso, resulta muy importante administrar el valor. Para arrollar la razón está el toro. El torero ha de ser inteligente. Las cornadas te marcan el cuerpo y también la mente. A mí esto me pasó. Nunca es bueno que te cojan. Para conseguirlo hay que mostrar una técnica muy depurada y tener suerte.

—¿Qué le han dado los toros?

—Me han cambiado la vida. Te abren puertas, te permiten conocer personas y vivir experiencias que nunca imaginas.

—Si le digo Jaén, ¿Qué se le viene a la cabeza?

—La cuna del aceite. Luego, me viene al pensamiento Cazorla.

—¿Y los jiennenses?

—Personas festivas, alegres y que van a los toros a divertirse. Es una provincia festiva. A mí siempre, Jaén me ha dado buen bajío.

—¿Y qué más le ha dado?

—Cuando tuve el accidente de coche, me dolió mucho que algunos cuestionaran que estuviera o no preparado para hacer temporada. Maté 6 toros en 2003 en Jaén capital y fue un rotundo éxito. Fue un gran éxito. Me ayudó para poder reivindicarme con fuerza. También compré mi ganadería en Jaén. Lo hice en Guarromán. Es lo que me ocupa gran tiempo de mi vida.

—También le ha dado algunas marcas de por vida con esa cornada en los testículos.

—Sí, en Villacarrillo. Me sacó los testículos y me dañó la vejiga.

—Lleva un rato hablando y cada vez le noto más feliz.

—Los toros me dan mucha felicidad. Tengo 44 años. Han sido 34 años de mi vida. Me interesa mucho hablar de toros y más en los tiempos que corren.

—Y si sus hijos le dicen un día: “Papá, quiero ser torero”.

—Me echo a temblar (ríe). Son aficionados, pero no los veo yo que quieran. Así, mejor porque esto es muy difícil. Los toreros se arriman ahora una barbaridad y le hacen cosas casi imposibles a los toros. Creo que lo pasaría muy mal. Espero que no, pero nunca se puede decir de esta agua no beberé. Al fin y al cabo, lo llevan en la sangre.