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sábado, 21 octubre 2017
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URGENTE

Retrospectiva llena de zen en el corazón de Santisteban del Puerto

Oriente y Jaén se dan la mano en las obras de Bueno
  • Retratos. Juan Miguel Bueno con algunas de sus obras.
    Retratos. Juan Miguel Bueno con algunas de sus obras.

Siendo todavía un chiquillo, a las manos de Juan Miguel Bueno llegó un rarísimo ejemplar de Morada de paz (Santiniketan), obra cumbre de la filosofía oriental del premio Nobel de Literatura Rabindranath Tagore. El libro, una edición fechada en 1925, había sido traducido por Zenobia Camprubí, lingüista española casada con otro Nobel, esta vez andaluz, Juan Ramón Jiménez. Un libro que guarda todo un sentido vital para el pintor, mitad porcunero mitad sevillano, que el viernes pasado inauguró la exposición Santiniketan, Morada de Paz, organizada por la comisaria María Isidro Medina en el Museo Jacinto Higueras de Santisteban del Puerto.

Bueno, artista afincado en el municipio santistebeño durante casi dos décadas, quiso homenajear en su “Santiniketan” particular no solo a Tagore y la pareja literata que formaban Jiménez y Camprubí, sino que dejó la parte más grande del pastel para tributar, en concreto, al pueblo en el que considera haber alcanzado esa paz interior de la que tanto leyó en su adolescencia. “Cuando me dieron destino definitivo como profesor de Dibujo en Santisteban, me pareció curioso el nombre del pueblo, muy parecido fonéticamente al del libro”, reflexiona Bueno, al tiempo que asegura haber encontrado una especie de “morada de paz”, en su estudio, una buhardilla desde la que divisa las sierras, el propio municipio, la iglesia y monumentos más representativos de Santisteban, además de los montes principales que abrazan el casco histórico: el castillo y la “guaría”.

En total, decoran el Museo Jacinto Higueras veintidós obras, un especie de diario en el que quedan plasmadas las experiencias y los estudios del pintor porcunero en el campo místico. “Hay detalles que reflejan fielmente mis sus lecturas de distintas religiones”, reinterpretadas en láminas y a través de acuarelas y trazos. “La vivencias que he tenido al leer esas obras, de San Juan de la Cruz o de Ibn Arabi, quedan patentes en mis ilustraciones”, alega. El mismo autor se confiesa un amante de la filosofía oriental desde edad bien temprana, gracias, sobre todo, a “Santiniketan”, ese libro que lo acompaña en su carrera como pintor. “Me he involucrado tanto en el tema filosófico que practico desde hace muchos años el budismo tibetano”, recalca el de Porcuna, que puntualiza que en una exposición anterior en el Museo de Jaén, “Los caminos del alma”, explicaba sus experiencias filosóficas, tanto orientales como occidentales, y todo su aprendizaje al indagar en autores tan dispares que Bueno llegó a una conclusión que ha marcado el devenir de su obra: “Todas las religiones parecen distintas, pero si leemos a sus místicos, nos damos cuenta de que pretenden transmitir un mismo mensaje”. Representar la simbología de distintas corrientes filosóficas es característica innegable en sus ilustraciones.

La exposición puede visitarse, hasta el próximo 4 de septiembre, en el museo situado en la Plaza Mayor, en horario de 20 a 22 horas. Después, las pinturas en las que el sello “Santisteban del Puerto” ha quedado grabado para siempre, serán trasladadas a una galería de la sevillana calle Feria, donde podrán contemplarse a partir de octubre.

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Tal vez por saberse parte de un municipio rural y familiar, a Juan Miguel Bueno le gusta pasar en el propio Museo Jacinto Higueras las dos horas diarias en las que su exposición permanece abierta. “Me paso por aquí para poder explicarle a la gente que pregunta el sentido de la obra en su conjunto”, reconoce el autor. Bueno señala que, por el momento, la ilustración que más éxito está teniendo es “Santisteban desde mi estudio”, una especie de autorretrato —él aparece sentado en lo alto de una torre que muestra su lugar de inspiración— en el que representa de forma idealizada ese estudio en el que lleva trabajando 18 años, junto con una síntesis del pueblo. “Puede verse un manto con una gran dama, que protege al dibujante y a Santisteban. Esta lleva una llave y se encuentra rodeada de estrellas mudéjares”, explica el pintor. Una de dichas estrellas, de ocho puntas, representa un motivo sacado del techo mudéjar del castillo de Torredonjimeno.