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Las cenizas del ruiseñor de Ydáñez llegan a México

El pintor muestra su personal lectura de la colección del Museo Lázaro Galdiano
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15/02/2017

Un artista del corazón de Segura sin fronteras. La pintura de Santiago Ydáñez acaba de desembarcar en México, donde su colección Las cenizas del ruiseñor protagoniza la primera exposición individual del jiennense en la capital de este país. Lo hace en el Centro Cultural de España de la Ciudad de México, que lo presenta como “uno de los pintores españoles más destacados de las dos últimas décadas”. Allí se podrá ver esta exposición, que se estrenó hace ahora un año en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, hasta el 23 de abril. Mientras, la obra del pintor de Puente de Génave también estará presente en la feria de dibujo Drawing Room, que celebra su segunda edición del 22 al 26 de febrero, en Madrid, en coincidencia con ARCO.

Las cenizas del ruiseñor fue uno de los proyectos más destacados de Ydáñez a lo largo de 2016 y su título hace alusión a una de las piezas más singulares de la Colección Lázaro Galdiano de Madrid. Precisamente como una “lectura” de esta colección, nació este proyecto de Ydáñez comisariado por Rafael Doctor Roncero. Este museo madrileño, a través de la invitación a diferentes artistas a lanzarse al conocimiento amplio y pasional de su colección, se plantea un puente de diálogo entre el pasado y el presente. La colección es repensada con nuevos ojos, el público puede ver ese trabajo de lectura desde la creación contemporánea de manera directa y el artista asume un reto muy estimulante que engrandece su visión y su obra.

Ante este reto, el artista jiennense fijó su mirada en los paisajes y los animales a través de su contemplación y reinterpretación. Entre otras obras, centra la atención en las criaturas de La entrada en el Arca de Noé, de Brueghel “el Joven”, o en paisajes como Campesinos a la entrada de una gruta / La Buenaventura de David Teniers y en la pieza Urna cineraria de un ruiseñor, que da título a esta exposición. Esta obra es una urna funeraria de mármol del siglo XVI que perteneció al Cardenal Camillo Massimi pasando, posteriormente, al Marqués del Carpio, embajador de Carlos II en Roma, que la trajo a Madrid. Es conocido que el canto del ruiseñor, icono del Romanticismo, representa la eternidad de la belleza frente a la fugacidad de la vida y ha sido celebrado por grandes escritores como el poeta inglés John Keats (1795-1821). En algún momento de la historia, esta urna albergó las cenizas de un ruiseñor que fue deleite de una mujer de la nobleza llamada Licinia Philomena. Que a un animal tan insignificante se le dedique un objeto tan suntuoso como este, habla por sí mismo de la relación de amor entre un ser humano y otro ser no humano y abre la puerta a un camino en el que se vislumbra una relación más justa entre uno y otro, tal y como detalla el comisario. Después de pasar varios años representando el rostro humano y su expresividad facial, Ydañez empezó a investigar géneros como el paisaje o el animal.

Además, el artista, también se aproximó a los retratos de la colección del “Lázaro Galdiario” así como a sus libros, a los objetos suntuarios y a la colección de tejidos. Santiago Ydáñez adquirió libros del siglo XIX, estuches de cubiertos de diferentes épocas y casullas para intervenirlos y mostrarlos en las vitrinas que recorren las salas del Museo.